24M – Porque conocemos la verdad y tenemos memoria, exigimos justicia

El 24 de marzo de 1976 se consumaba la más trágica, sangrienta, sombría y macabra dictadura cívico-eclesiástico-militar, que asecho a nuestro pueblo, en la cual la junta militar usurpó el poder del estado derrocando a la entonces presidenta Maria Estela Martinez de Perón, e instalando un estado policial ejecutor de un brutal punitivismo, llevándose consigo las vidas y las historias de 30.000 desaparecidos y desaparecidas. En el marco de un plan genocida ideado y orquestado por los Estados Unidos -que tuvo sus réplicas en todo el cono sur americano-, comenzó un proceso destructivo para el entramado social. La autodenominada “Doctrina de Seguridad Nacional” o “Plan Cóndor” pretendía adiestrar a los pueblos latinoamericanos que comenzaban a alzarse en conquistas en materia de derechos civiles, sociales, económicos, culturales, políticos y, fundamentalmente, humanos.

Los resultados y consecuencias de la dictadura y de su política económica comenzaron a hacerse tangibles de manera casi inmediata para el pueblo argentino. Algunos números serían los siguientes: El salario real de los trabajadores cayó un 40%; se elevó de 6 a 18 horas la jornada laboral que necesitaba un obrero para pagar la canasta familiar; el PBI cayó un 3; la industria cayó un 12,4% ; el déficit fiscal fue de un 17% anual, y por último, pero en mi criterio los más preocupantes, la desocupación se triplicó, pasando del 3 al 9 por ciento; la pobreza pasó de un 4.4% en 1975 a un 37,4% en 1983, lo que instaló la pobreza estructural que aún asecha a nuestro pueblo. La deuda externa se quintuplicó, incrementándose de 7.000 millones de dólares a 44.000 millones de dólares*. Los expongo a modo de hacer una mera enunciación, pues no pretendo ahondar en tal cuestión, sino solo visibilizar que el plan de la dictadura también tenía su propósito en materia económica: El propio de un plan neoliberal que tendió a dejar de lado un capitalismo nacionalista, desarrollista e industrial, para pasar a un modelo de especulación y timba financiera, y de destrucción de la industria  y el desarrollo nacional.

Cuando se toca el tema de los golpes de estado, de las dictaduras, cabe preguntarse cuál fue el propósito de ejecutar tamaña masacre contra los propios. Principalmente creo que es importante dejar en claro que sí hay, de hecho, porqués; no podemos caer erradamente en tratar este tema como un hecho aislado del pasado, que sólo sucedió. Y esos porqués son necesarios sacarlos a la luz para poder identificar aquellas maniobras que en un futuro, próximo o distante, puedan llegar a presentarse frente y contra el pueblo todo. En nuestro caso, creo que el propósito de los militares fue, nada mas y nada menos, que erradicar y extirpar  de la sociedad toda una cultura popular de lucha que importaba la ampliación y conquista de derechos, y la construcción oportunidades por parte del pueblo. De modo que es importante destacar que lo que se persiguió en aquel entonces- y que algunos han intentado perseguir en los años de democracia- fue un ideal de lucha por los derechos fundamentales de todo el pueblo.

A pesar de todo ello, seguimos de pie; a pesar de todo ello, no nos han vencido. Y, desde mi perspectiva y humilde opinión, hay una razón fundamental por la cual no han podido culminar con su macabro plan, una razón central por la cual no nos han vencido. Esa razón fundamental son las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, símbolo de la resistencia y de la lucha contra el terrorismo de estado de aquel entonces y símbolo y ejemplo incuestionable de la militancia por los derechos humanos, la memoria, la verdad y la justicia. Las madres y abuelas pusieron el cuerpo en momentos que nadie lo ponía, en momentos en lo que todo parecía haberse perdido. Ellas, ejemplo en vida para todo militante, se plantaron contra la junta y sus cómplices, y no descansaron (ni descansarán) hasta que en nuestra patria se haga justicia por los crímenes de lesa humanidad y de genocidio que los militares han cometido. Como joven militante, no siento otra cosa por las Madres y Abuelas que no sea admiración; y creo que todo militante, y toda persona que entienda y sienta en su cuerpo y alma el dolor que la dictadura y los 30.000 compañerxs desaparecidxs significa, debe tener a las madres como faro que guíe los pasos a seguir en ésta lucha. Sí, digo dolor. Porque duele y seguirá doliendo, hasta tanto no obtengamos justicia, y quizás también en ese momento siga doliendo. Pero ese dolor debemos canalizarlo en lucha, y es justamente en la lucha donde la memoria cobra su máximo esplendor y fuerza y, por eso, no debemos dejar de luchar ni un solo día. Tampoco y bajo ninguna circunstancia debemos olvidar lo sucedido porque, como diría el grandísimo Leon Gieco, “la memoria estalla hasta vencer a los pueblos que la aplastan y no la dejan ser, libre como el viento”. La importancia de la memoria es central para la conservación de la democracia en toda la región y para evitar que un hecho tan atroz como el que hemos vivido lxs argentinxs, y Latinoamérica toda, se repita. El porqué es simple: porque un pueblo sin memoria esta condenado a repetir su historia y, por lo tanto, un pueblo con memoria es democracia para siempre. Entendiendo que la democracia es algo que se realiza constantemente todos los días, es fundamental que hoy, luego se 44 años de aquel golpe, reafirmemos nuestro compromiso ciudadano y humano con esta lucha por la vigencia de los estados de derecho en nuestro país y en toda Latinoamérica, y por la protección de los derechos humanos de los pueblos del mundo. Y quisiera cerrar con una frase que, a esta altura de los acontecimientos, le pertenece a todo el pueblo argentino como grito de lucha y vanguardia: “Porque conocemos la verdad y tenemos memoria, exigimos justicia”.

*(Fuente: Indec – BCRA – FIEL – Estudio Ferreres – Isaac Rudnik).

Por Franco Mattiello- Estudiante de Abogacía UBA- Militante Juventud Kolina San Fernando- Voluntario del Apoyo Escolar San José.