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Volver a creer en el trabajo

Por Sebastián Pareja*

El primero de mayo no es un feriado más. Es, o debería ser, una pausa para mirar de frente a quienes todos los días sostienen el país. A los que madrugan, a los que emprenden, a los que hacen rendir cada peso en un sistema que muchas veces parece diseñado para ir en contra.

Durante años, trabajar en Argentina implicó tener que soportar impuestos asfixiantes, informalidad, rigideces y un empleo privado que perdió completamente de vista la creación de trabajo.

En ese esquema, se fueron consolidando prácticas que terminaron alejando al trabajador de cualquier posibilidad real de progreso. Estructuras burocráticas, estatales y sindicales que, en nombre de defender derechos muchas veces bloquearon, encarecieron o directamente impidieron el acceso al trabajo formal.

Un Estado cada vez más grande, pero no necesariamente más presente donde hacía falta. Todo lo contrario. Un modelo económico cerrado que castigó al que produce y desincentivó la inversión.

Por eso, el verdadero reconocimiento al trabajador de parte de quienes están en una posición para transformar la realidad no está en el discurso ni en una supuesta consigna benefactora. Está en cambiar las condiciones de fondo.

En empezar a construir una matriz laboral y de desarrollo distinta, donde trabajar, contratar, invertir y emprender vuelva a ser posible. Donde el esfuerzo tenga sentido, aunque sepamos que todavía falta. Donde el que quiere crecer no sienta que todo el sistema juega en su contra.

En el Congreso acompañé y voté la modernización laboral impulsada por el presidente Javier Milei. Una reforma que busca algo básico pero hoy revolucionario: que tomar un trabajador deje de ser un riesgo y vuelva a ser una oportunidad, como en cualquier país normal.

Que haya incentivos reales para regularizar el empleo, que se reduzca la presión sobre las PyMEs y que más argentinos puedan acceder a derechos que existan de verdad y no se usen solamente para armar banderas ni frases para los discursos.

Esa transformación no es aislada. Es parte de un camino más amplio: bajar impuestos, ordenar la economía, promover el sector privado y devolverle al trabajo su lugar central.

Porque el argentino tiene todas las capacidades para producir, importar, exportar libremente y desarrollarse de forma libre y autónoma. Haciendo su propia grandeza particular, cada individuo contribuyó a labrar la de su país. Alberdi lo tenía claro.

En ese camino, también empezamos a ver señales concretas de lo que significa ordenar la economía y devolverle previsibilidad al esfuerzo. La posibilidad de acceder a un crédito hipotecario, de proyectar una casa propia, de planificar a largo plazo, deja de ser una ilusión lejana para convertirse en una consecuencia lógica del trabajo y el ahorro.

Y ese mismo criterio tiene que bajar a cada rincón de la Provincia de Buenos Aires: municipios que compitan por atraer, no por expulsar; que bajen tasas en lugar de multiplicarlas; que entiendan que el vecino y el trabajador son el primer inversor, el primer emprendedor de su comunidad, y que cuidarlo no es una opción, es la base de cualquier proyecto de desarrollo real.

Este primero de mayo debería ser el punto de partida para que trabajar en Argentina deje de ser una carrera de obstáculos y vuelva a ser, simplemente a través del mérito, del esfuerzo y de la voluntad individual, la forma más digna de salir adelante.

*Sebastián Pareja – Diputado Nacional – Presidente de La Libertad Avanza en la Provincia de Buenos Aires

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