Tres debates que nos debemos en el movimiento obrero

Me es imposible hablar del Día Internacional de los Trabajadores y las Trabajadoras sin que se me venga la figura de Juan Domingo Perón a la cabeza, ya que muchas de las consignas que se enarbolaron en el mundo, allá por el 1º de mayo de 1886, llegaron a Argentina recién con la aparición del fenómeno de masas más grande de la historia latinoamericana: el Peronismo.

Si uno hace un breve repaso histórico, la mayoría de derechos más resonantes fueron obtenidos gracias a Perón: la jornada de 8 horas (ya hablaré más adelante de este tema), el sueldo anual complementario, el estatuto del peón, la ley de despidos, el establecimiento del seguro social y de la jubilación, la indemnización por accidentes laborales, las vacaciones pagas, la creación de los tribunales de trabajo, etcétera.  

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Sin ir más lejos, y siempre hablando de Peronismo, fueron los gobiernos de Néstor Carlos Kirchner y Cristina Fernández los que le han devuelto la dignidad al pueblo argentino, luego de tantos años siendo vapuleados por gobiernos liberales cuyos mandatos estaban al servicio del capital financiero-especulativo. Sí, como bien decía Perón: el trabajo dignifica. Y Néstor asumió el gobierno con una tasa de desempleo que rondaba el 17,3% para reducirla al 7,9%; además de devolverle las paritarias al movimiento obrero, y de llevar adelante un programa político y social tendiente a garantizar la justicia social en el universo laboral, como la Ley de Movilidad Jubilatoria, la estatización de las AFJP, la derogación de la Ley de Flexibilización Laboral, el Fondo de Desempleo, etcétera. Todo esto fue un atisbo de esperanza para el pueblo argentino.

Luego de cuatro años de Macrismo que han destruido la Matriz Productiva y que han devastado el salario de los trabajadores, hoy, como siempre, le toca a un gobierno peronista, conducido por el compañero Presidente Alberto Fernández, dar respuesta a las incertidumbres que aparecen en el horizonte del pueblo trabajador. Como delegado de la Asociación Bancaria, y futuro integrante de la Comisión Gremial Interna del Banco de la Nación Argentina, no puedo obviar la necesidad de tocar tres temas que más temprano que tarde estarán en el foco de atención:

1) El impacto de las nuevas tecnologías en el mundo del trabajo. Este es un debate que hace años está en la mesa, pero que ha acelerado su proceso con el advenimiento de la Pandemia y la implementación del teletrabajo o, como se lo conoce, el homeoffice. Esta nueva modalidad, si bien es necesaria en esta coyuntura extraordinaria, presenta un conflicto en puerta: ¿Qué ocurrirá cuando la tecnología reemplace la mano humana? Ojo, no estoy en contra del desarrollo tecnológico. Todo lo contrario. Pero el mismo debe ir acompañado de un enfoque que priorice el capital humano. Es decir, tecnología sí, pero con la gente adentro, trabajando.

2) La reducción de la jornada de trabajo. En Argentina rige la teoría de las tres ocho: 8 horas de trabajo, 8 de ocio y 8 de descanso. Ese es un derecho que obtuvo el pueblo obrero gracias al General Perón. Pero en los últimos años muchos países europeos y de la región iniciaron la discusión de reducir la jornada, ya sea a través de una reducción semanal de horas, o a través del reparto de las horas en menos días. Hoy Argentina tiene una jornada de trabajo sumamente extensa, de 48 horas, lejana al modelo de países como Noruega, Dinamarca y Holanda, donde supera las 30 y 35 horas. Debatir esta iniciativa pondría a los sindicatos en posición de discutir la apropiación de las ganancias y la caída del salario real. Hay dos caminos: acuerdos sectoriales o una reforma de la Ley N° 11544 (Ley de Jornada de Trabajo).

3) La necesidad de avanzar contra el trabajo precarizado. Gran parte de la Matriz Productiva se encuentra dentro de la informalidad. Discutir la tecnología en el mundo del trabajo y la posibilidad de reducir la jornada laboral es innecesario si antes no se utilizan todos los resortes del Estado en pos de desarrollar un programa de empleos que erradique el trabajo informal y que garantice que todos los trabajadores y trabajadoras tengan acceso por igual a los beneficios y conquistas que tanto le costó conseguir al movimiento obrero.

Estas discusiones parecían lejanas, pero con una Pandemia que socavó las relaciones de poder tal como las conocemos, no es extraño que empiecen a aparecer en la agenda gubernamental. Seguramente serán los sindicatos los que tengan la responsabilidad de ponerse al hombro dicha agenda, ya que es el movimiento obrero organizado, en cuanta columna vertebral del Peronismo, el que debe sentarse a negociar con el gobierno la forma de sortear los desafíos que se avecinan.  

Pero ahora celebremos nuestro día, ese debate se dará cuando se tenga que dar. El 1° de mayo no deja nunca de ser un día para hermanarnos, para abrazarnos. Compañeros, compañeras: solo si estamos unidos podemos conducir al pueblo hacia la victoria y hacia la tan mentada Liberación Nacional.  Unidad, solidaridad y organización… Ese es el único camino para seguir conquistando más derechos.

Abrazo peronista

Por Adriel Cámola Ballesteros – Secretario de Adoctrinamiento del Partido Justicialista de San Isidro – Militante de la JP San Isidro y Peronismo en Marcha San Isidro – Delegado de la Asociación Bancaria.