Por Coni Schmukler*
Cada 8 de marzo nos encuentra recordando que la lucha por los derechos de las mujeres es, en esencia, una lucha por la justicia social. Las mujeres hemos sufrido históricamente desigualdades en todos los ámbitos de la vida: en el trabajo, en la política, en la distribución de las oportunidades y en el acceso real a los espacios de decisión. Desigualdades que no son solo simbólicas: también se expresan en violencias que, todavía hoy, nos matan todos los días.
A esto se suma que las mujeres cargamos, en gran medida, con el trabajo no remunerado de las tareas de cuidado. Un trabajo indispensable para la vida social, pero invisibilizado y desigualmente distribuido. Ese mandato de cuidar muchas veces nos deja con menos tiempo para formarnos, desarrollarnos profesionalmente o participar plenamente en la vida pública. Mientras tanto, el techo de cristal sigue siendo una realidad que limita el acceso de las mujeres a los lugares de poder y decisión.
Por eso, el Día de la Mujer no es una fecha para felicitarnos ni para celebrar de forma vacía. Es, ante todo, un momento para reflexionar sobre las injusticias que persisten y sobre la responsabilidad colectiva de transformarlas.
Si creemos en una patria justa, debemos entender que sin igualdad de género no hay justicia social. El feminismo, entonces, no puede ser un tema de nicho: debe atravesar la militancia política, las políticas públicas y la construcción de una sociedad más solidaria e igualitaria.
Porque cuando una sociedad garantiza los derechos de las mujeres, avanza también en dignidad y justicia para todo su pueblo.
*Coni Schmukler – Militante Descamisada – Consejera de juventud electa del partido justicialista PBA – Consejera escolar de Vicente López.
