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Plebiscito en Chile: Un Verdadero Pacto Social

La Constitución emerge como la carta de navegación sobre la cual se construye un proyecto de país. La Constitución ofrece el marco a partir del cual se asentarán las leyes de una nación. La Constitución declara y define las instituciones que formaran el aparato gubernamental. La Constitución explicita los Derechos que serán amparados por parte del Estado. La Constitución, por lo mismo, podría ser considerada la carta magna desde la cual se establecerán las relaciones entre el gobierno y los ciudadanos, y los ciudadanos entre sí.

En definitiva, y desde las lógicas esenciales más profundas del pensamiento liberal, la Constitución se alza como la materialización de un Contrato Social, entendido en términos más actuales, como Pacto Social. De aquí la importancia de que la Constitución sea, efectivamente, una declaración de la voluntad soberana, en donde se haga real y patente el principio filosófico-político democrático de que el poder soberano reside en la nación y se ejerce por el Pueblo. Por lo mismo, en la conformación de una Constitución, el fondo es también la forma, vale decir, no es solamente una cuestión de contenido la que debe atenderse al momento de acercarnos a una Constitución, sino también, y de manera decisiva, debe tenerse en consideración la forma a partir de la cual se construyó una determinada Constitución.

De aquí que una Constitución debe, para ser legítima, y en virtud de la lógica republicana y soberana, haber sido elaborada en un proceso participativo y con un alto grado de representatividad. Chile, desde que consiguió su independencia, ha practicado muchas cartas que han tenido estatuto constitucional. Destacan, en su período republicano, las de 1833 y 1925. Bajo la dictadura de Pinochet, en un período convulso y en donde no estaban garantizados el estado de derecho y la separación de poderes, una comisión designada por la junta militar elaboró la actual Constitución que nos rige, lo cual pone en entredicho su legitimidad, conforme a la misma filosofía de la democracia: Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene constitución. (Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano, 1789, Artículo 16º).

Por eso, en la Constitución de 1980 el Contrato Social nace roto, fracturado, ilegitimo. Fue por esto que el estallido social de octubre del 2019, con sus matices de participación social y expresión ciudadana, junto a focos de violencia que desestabilizaron la institucionalidad, no fueron más que la constatación de un descontento popular (popular, en el más profundo y original sentido de la palabra), producto de la toma de consciencia de que el pacto social fue impuesto a la fuerza por unos pocos, mediante la doctrina del shock (Klein, 2007) produciendo un quiebre fundamental con la soberanía del Pueblo. Luego del plebiscito recién celebrado el domingo 25 de octubre y con el aplastante triunfo del Apruebo y de la Convención Constituyente, por primera vez en la historia de Chile, tendremos la posibilidad de construir, juntos, todos y todas, una Constitución en donde la soberanía popular quede expresada en su elaboración y en su contenido, siendo de este modo, plenamente legitima.

Hoy se nos ofrece por primera vez la posibilidad de crear un verdadero Pacto Social, que emerja como declaración de la voluntad soberana y que ofrezca el marco general para un nuevo tipo de relaciones sociales en nuestro país. Es verdad, una constitución no es una barita mágica que soluciona los problemas y entrega salidas automáticas. Es verdad, la constitución no es la panacea. Es verdad, con la constitución no alcanza. Pero también es verdad, que sin la constitución no es posible. Es decir, la constitución, en tanto marco general y carta magna, entrega las reglas del juego, y por primera vez, las reglas del juego, no serán escritas solo por unos pocos privilegiados que podrán armar el sistema a su preferencia, a su imagen y semejanza. Por primera vez en toda nuestra historia, la Constitución será plenamente legitima, plenamente ciudadana, y por lo mismo, por primera vez, tendremos un pacto social, un verdadero pacto social.

Por Diego Miranda – Profesor de Moral Social en la Pontificia Universidad Católica de Chile

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