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Ojos que no ven corazones que no sienten

Por Érica Pereyra* y Joaquín Noya**

“Tener un plan, un programa, escuchar a la gente, caminar”. son parte de algunas de las muchas frases que se escuchan desde quienes de buena fe y convicciones quieren buscarle una salida a este trágico momento del país donde al unísono suben: el desempleo, el trabajo informal, el pluri-trabajo y la cantidad de trabajadores y trabajadoras registradas bajo la línea de pobreza.

Un eje estructurante de dicho plan o programa de futuro gobierno debe estar centrado en las personas de a pie, “la gente” diría Mirta de los almuerzos, y aquí no se puede esquivar dos variables que hacen y harán temblar a cualquier gobierno sino encuentran una respuesta pronto: trabajadores registrados por debajo de la línea de pobreza y más de un 40% de trabajadores en la informalidad.

Sobre éstos últimos escuchamos a diferentes dirigentes políticos, de diferentes espacios, hablar del trabajo informal haciendo foco casi exclusivo en las y los trabajadores de aplicaciones, ya sea que manejen un auto (propio o alquilado), que anden en moto o incluso pedaleen en una bici. Cuando hablamos de trabajadores de plataforma según El Ministerio de Trabajo de la Nación y estudios del CEIL-CONICET estimaban entre 500.000 y 800.000 personas realizando algún tipo de trabajo de plataforma en Argentina (delivery, transporte, servicios freelance digitales, etc.), sobre un total de 6 millones de trabajadores informales según la Encuesta Permanente de Hogares (INDEC), es decir el 10% de los informales. Esto es menospreciar ese sector: NO, pero sí poder dimensionar que sigue existiendo una masa de trabajadores que es invisible a los ojos de quienes deben (o quieren) pensar la política pública, o por lo menos eso intentan. Hay diferentes propuestas para regular este tipo de trabajo de plataformas que viene en ascenso en el último año, debido por un lado al aumento del desempleo, y también al deterioro del salario real de aquellos que conservan un trabajo formal, pero que necesitan sumar actividades para poder cubrir sus gastos. Quizás mirar solo a los trabajadores de plataforma para hablar de informalidad es encarar el problema por el lado más fácil, dado que hay una relación de dependencia (patrón-trabajador) clara. Aunque debe agregarse algo más a esta visión, muchos de los trabajadores de plataforma ponderan su elección en este tipo de trabajo por sobre otros porque son ellos quienes eligen cuándo y cuánto trabajar. Elección que debe ser escuchada pero que no niega la relación contractual oculta que existe entre estos trabajadores y las correspondientes plataformas para las cuáles trabajan.

En la informalidad, llamémosla así por ahora, existe también una parte muy importante de trabajadores y trabajadoras, que no trabajan para ninguna aplicación, pero que trabajan todos los días para llevar un plato de comida a sus mesas. Sin embargo, sobran los dedos de una mano para contar a los dirigentes que hacen mención de estos trabajadores. Son las Organizaciones Sociales, y la UTEP (el sindicato de las y los trabajadores de la Economía Popular) sobre todo quienes llevan esta agenda. Justamente estas organizaciones fueron las primeras en ser perseguidas, estigmatizadas y silenciadas por el actual gobierno nacional ¿Casualidad?

Sólo se habla de aquello que es un poco más parecido a lo re-conocido, las aplicaciones tienen dueños, entonces podemos pensar en responsabilidades, en mecanismos que logren garantizar algunos derechos a las y los trabajadores. En algún punto estos trabajos tienen algunas semejanzas con los trabajos en relación de dependencia, principalmente se puede deducir rápidamente quién genera una plusvalía y quien se la apropia (para pensarlo en términos marxistas).

¿Pero qué pasa con aquellos trabajadores de los que nadie habla? Aquellos a quienes parece que nadie ve. Hace seis años cuando tuvo lugar la Pandemia del COVID, en Argentina se otorgó un Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) para aquellos trabajadores y trabajadoras que no contaban con ingresos formales, se inscribieron más de trece millones de personas y lo cobraron alrededor de once millones. Según la EPH en el último trimestre del 2020 se registraban 8,1 millones de trabajadores asalariados, con lo cual los trabajadores que no contaban con ingresos formales superaban a aquellos que sí lo hacían.

En la actualidad el último informe de la EPH habla de 13,1 millones de trabajadores ocupados, de los cuales el 43% están en la informalidad (5,6 millones) a los cuales se les suma 1,1 millón de trabajadores desocupados.

A pesar de estos datos esta masa de millones de trabajadores y trabajadoras siguen ausentes en la mayoría de las propuestas políticas opositoras a Milei, un mar de gente a quien nadie les habla y si nadie te habla es más difícil aún que te representen.

Algunos creen que con una recuperación de la economía con un modelo de desarrollo industrial por sustitución de importaciones sería posible absorber al total de los trabajadores como asalariados formales, algo que además de no ser deseado por todos, tampoco es realizable. El capitalismo actualmente, revolución tecnológica mediante, puede producir muchísimos más bienes con muchísimos menos trabajadores que hace pocas décadas.

Ver y reconocer a estos trabajadores y trabajadoras es el primer paso para pensar una agenda popular que vaya a resolver el trabajo en la Argentina. La heterogeneidad en el mundo del trabajo vino para quedarse, hay que conocerlo y proponer políticas junto a los y las trabajadoras que garanticen sus derechos. Una heterogeneidad que diferencia a grandes rasgos entre trabajadores registrados, ya sean por el sector privado o el público, y los informales; pero que hacia adentro de cada una de estas esferas también prima una enorme heterogeneidad. Por eso es imposible contemplar a la clase trabajadora con una simple mirada, debe ser observada en detenimiento, entendiendo sus diversidades.

Ojos que no ven corazones que no sienten. Sin ver a esta masa inmensa de trabajadores y trabajadoras es imposible empatizar con sus carencias y pensarlos/as como parte de la solución de este capitalismo cada día más deshumanizante, y en el caso de nuestro país con el agregado de una profunda crueldad del gobierno nacional actual. Sin un proyecto que contemple a todos y todas las trabajadoras adentro y con derechos laborales no habrá posibilidad de estabilizar un modelo de país que trascienda generaciones y cambios de gobierno.

*Érica Pereyra – Lic. en Sociología y Directora de Articulación territorial en la municipalidad de Moreno

**Joaquín Noya – Prof. HIstoria y Coordinador General de Economía Popular en la municipalidad de Moreno

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