La Solidaridad y el Derecho a una jubilación digna

Columnas y Opiniones 19 de febrero de 2019 Por
abuelos jubilados

En estas líneas expondré un esbozo de la situación de injusticia por la que atraviesa el sistema de seguridad social nacional.

Al respecto es de recordar que el fundamento de la ley de jubilaciones y pensiones estriba en el principio de solidaridad social para cubrir contingencias de edad, enfermedad y fallecimiento.

Y la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo como dijo Eduardo Galeano, el célebre escritor rioplatense, lo que constituye una síntesis perfecta del concepto cuando menos, en lo que se refiere a su intencionalidad ética, humana y política.

Al respecto desde el punto de vista comunitario,  la solidaridad, tantas veces contaminada y manipulada por intereses políticos, religiosos o sociales ante la situación del sector que atraviesa una crisis inconmensurable es imprescindible redimensionarla en la práctica en forma tajante.

El ejercicio verdadero de la solidaridad, está enraizado en el principio de la justicia social y fundamentado en las normas estructurales del sistema político que emergen de la Constitución Nacional, cuyo Preámbulo ya nos habla de afianzar la Justicia, por lo que debería ser labor esencial del Poder Político y aspiración inclaudicable de la Sociedad, combatir la desigualdad creciente, y que esa igualdad no sea solo formal y declarativa sino que se trasunte en la realidad práctica de cada uno de los habitantes de la Nación.

Paolo Coluccia ,en su libro Le derive della modernità señala que ”en una vieja iglesia románica, un fresco medieval representa el paraíso y el infierno de manera totalmente idéntica. En ambos lugares reina una gran abundancia de vituallas de las que los elegidos y los condenados sólo pueden disfrutar por medio de grandes tenedores desmesuradamente largos. Pero mientras que en el infierno los condenados famélicos intentan vanamente llevar a su boca los deseados manjares, en el paraíso, los elegidos radiantes se alimentan los unos a los otros”. Vivimos en los tiempos en el que los largos tenedores enfrentados y solos dominan cada vez más nuestras vidas, por lo que la solidaridad social ya no solo es necesaria sino que resulta vital para la existencia de la sociedad.

De ahí que conceptos como equidad, y justicia social, revalorizan su esencial significado, y de esa mira, no se puede distraer con los ditirambos de los poderes económicos y políticos que no perciben la creciente desigualdad, y  las  situaciones de auténtica injusticia y pobreza de las vulnerables personas que integran el colectivo de beneficiarios del sistema de seguridad social.

Por eso, en este contexto la idea de solidaridad es aquella que reafirma y reivindica su esencia como compromiso ético, humano y político, que no debe ser de compasión y caridad, sino de estricta justicia. Y eso se percibe cuando saltan alarmas sociales que requieren solidaridad, que reitero es Justicia para quienes han dado su vida y sus esfuerzos en aras de engrandecer el país.

Si partimos del derecho humano a una vida digna y entendemos la dignidad como una característica que define al ser humano, decimos que la solidaridad es el derecho y obligación a indignarse ante la injusticia a que se somete a las personas beneficiarias del sistema de seguridad social,  y que para que la indignación sea consecuente (la solidaridad) no puede reducirse a un mero sentimiento, sino que debe ir más allá. Debe incluir el reconocimiento de esas situaciones y sus causas, y el compromiso activo ante las mismas, porque deben ser actuaciones dirigidas a eliminar esas causas profundas y estructurales que generan injusticias. La capacidad de situarse en el lugar del “otro/a” y desde ahí poder construir conocimientos y acciones que incidan en mejorar la situación y reparar la iniquidad.

Y si esto es así en condiciones normales, mucho más debe serlo en situaciones de crisis humanitarias por las que atraviesa el sistema respecto a las que no hace falta demostración alguna, cuando de solo parangonar el haber jubilatorio que en su mínima expresión apenas pasa de los $ 9.300, con el costo de los insumos básicos, de alimentos, medicamentos, atención médica, costo de vivienda, servicios, etc., etc., se ve claramente que se ha perdido toda noción de proporcionalidad.

Ante ello, con el objeto de preservar esos derechos fundamentales, la vía legal es el reclamo ante las instancias administrativas y judiciales tanto nacionales como internacionales y, lograr, de dicha forma, la efectivización en la realidad y que no sean solo programáticos los principios constitucionales, de afianzar la justicia, promover el bienestar general, asegurar los beneficios de la libertad, de una retribución justa, de un salario vital, y de los beneficios de la seguridad social, con carácter integral e irrenunciable.

Dr. Marialdo Rosin -  [email protected]

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