Mejor (no) hablar de ciertas cosas

Columnas y Opiniones 26 de febrero de 2019 Por
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Hay muchas formas de llamarlo, quizás por ese prurito que se tiene de nombrar todo lo relacionado con la sexualidad, como si fuera algo que no pueda ser puesto en palabras o genere un esfuerzo extremo al intentarlo.

¿Cómo no imaginar la tan temida escena del adolescente pidiendo preservativos en una farmacia, colorado de la vergüenza, frente a las miradas inquisidoras de los otros clientes, especialmente los mayores? Esto revelaría que va a usarlos, que tiene relaciones sexuales, que hace “eso” que no se puede nombrar o cuesta demasiado... ¿Por qué escandalizarnos por eso cuando en realidad deberíamos celebrar la conciencia del adolescente de protegerse y proteger al otro? Que ese acto sexual, tan difícil y hasta muchas veces imposible de nombrar, sea cuidado.

Por eso, pensar en el concepto de “preservativo” tiene que ver con algo de todo esto... “preservarse”, el arte del cuidado propio y del otro.

Más allá de los nombres con el que lo reconocemos, el preservativo es básicamente una envoltura que el hombre o la mujer coloca sobre el pene previo a la penetración en una relación sexual.

Si bien existen los “preservativos femeninos” y fueron insertados en el mercado un par de décadas atrás, su impacto comercial y utilitario fue tan escaso que cuando hablamos de preservativos, en el imaginario colectivo, tanto hombres como mujeres pensamos en los preservativos masculinos.

Preservativo, profiláctico, condón, globito, forro, etc.

Quizás “condón” sea el más popular dentro de la lengua hispana, tanto en Europa como en América Latina, que provendría de su creador el Dr. Condom, un médico inglés que fabricaba preservativos con los intestinos de animales para el rey Carlos II de Inglaterra. Sin embargo, otras versiones aseveran que “condón” es derivado del latín “condes”, que significa “receptor”. Da igual, ¿no?

A pesar de que hoy por hoy la gente piensa que el preservativo es un producto de la modernidad y que su uso es fundamentalmente anticonceptivo, revisando la literatura descubrimos que el preservativo tiene una larga historia y ha sido utilizado por personas de diferentes culturas como protección contra las infecciones de trasmisión sexual, tal como se lo concibe hoy.

Igualmente, los jóvenes de hoy en día que aseguran utilizarlo le temen más al embarazo no deseado que a las infecciones transmitidas por las relaciones sexuales, entre las cuales las más destacadas son la Sífilis, el VIH y las Hepatitis B y C. Además, hoy todos tenemos acceso a información al respecto y sabemos que debemos usar preservativo y que debemos colocarlo en forma correcta, etc., pero a la hora de los “bifes”, como popularmente se dice, la mayoría opta por no usarlo. La ciencia avanza en la estabilización de la epidemia del VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) con nuevos y mejores tratamientos antirretrovirales, pero no puede frenar la cantidad de infecciones que crece año tras año, principalmente entre los más jóvenes.

Haciendo un breve recorrido a través de la historia y la evolución del preservativo, descubrimos que la referencia más antigua data de tiempos tan remotos como el año 1000 AC y en Egipto. El preservativo “egipcio” consistía de una tripa de animal anudada en un extremo. También se han encontrado algunas imágenes de los antiguos egipcios con preservativos de lino. Los preservativos fabricados con tripa animal llegaron a ser bien conocidos y renombrados en la literatura de los años 1700 como profiláctico y anticonceptivo y a mediados de siglo muchos comercios ya publicaban panfletos y anuncios sobre este producto.

Por otra parte, los chinos utilizaban papel de seda aceitoso para recubrir el pene durante el acto sexual y asegurarse protección y lubricación.

En los escritos del famoso italiano Gabrielle Fallopius (el que le dio su nombre a parte del aparato reproductor femenino, conocido como “Trompas de Falopio”) en el año 1500 también refirió haber inventado una envoltura hecha de lino que, testeada entre 1100 hombres, ninguno se infectó con sífilis.

Los japoneses siempre fueron innovadores y marcaron tendencia en relación con el preservativo. Crearon dos tipos de preservativo: El “Kawagata” o “Kyotai” que estaba fabricado de cuero fino y el “Kabutogata” con caparazón de tortuga y marfil, con gran popularidad como método de barrera.

A finales del siglo XX, Goodyear y Hancock fueron los responsables de crear los primeros preservativos más similares a los actuales a partir de caucho vulcanizado. La vulcanización es el proceso de tratar el caucho crudo con ácido sulfúrico y someterlo a calor intenso, así el caucho se transforma en un material elástico y fuerte. En 1930 la fabricación líquida del látex reemplazó al caucho, que continúa siendo la base para la fabricación del preservativo hasta el día de hoy.

El preservativo, como anticonceptivo, entró en una crisis a partir de la década del '60 por movimientos que impulsaron la liberación sexual y hasta los años '80 debido a la introducción y popularidad de las píldoras para el control de la natalidad, más conocidas como pastillas anticonceptivas, el Dispositivo Intrauterino (DIU) y otros métodos que previenen el embarazo.

Lamentablemente esos métodos que se popularizaron en la segunda mitad del siglo XX no prevenían la transmisión de enfermedades por vía sexual.

A principios de la década del '80, con la aparición del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y el SIDA, el preservativo se convirtió en herramienta vital para la prevención del VIH y otras infecciones de transmisión sexual. Esto obligó a optimizar el producto, gracias a la tecnología, permitiendo la producción de preservativos en versiones mucho más sofisticadas y adaptadas a las necesidades de la sexualidad actual.

Así es como llegamos a hoy: Con preservativos de colores, de diferentes y variadas texturas, con sabor para disfrutar el sexo oral con cuidado, con dibujos, escudos y hasta con música.

Lo cierto es que hoy el preservativo es la única manera de evitar la transmisión del VIH, la Sífilis, las Hepatitis B y C y otras infecciones de transmisión sexual. Ha dejado de ser responsabilidad exclusiva de los varones en las relaciones sexuales con otros varones o con mujeres y se ha transformado en un ingrediente más de las carteras de las mujeres, que cada vez exigen su uso con más firmeza, a sus compañeros o compañeras sexuales, con el fin de... “preservarse”, el arte del cuidado propio y del otro.

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Lic. Sebastián Vázquez Montoto

PSICÓLOGO -  Presidente de AXV <asociación civil>.

Coordinador del Programa de VIH, ITS y Hepatitis Virales – MUNICIPIO DE TIGRE

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