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 NI UNA MENOS: ¿Agenda de minorías?

Por Aldana Aguirre*

Se cumplen 11 años de la primera vez que nos lanzamos a las calles al grito de “¡NI UNA MENOS!”, y otro femicidio nos golpea en lo más hondo de nuestra conciencia. Otra piba más que nos arranca este sistema machista y patriarcal. Una vez más, la Justicia y el Estado son responsables, porque un Estado que niega que nos matan es un estado femicida. 

Luego de la última ola de 2018, cabe preguntarse ¿Dónde quedo la agenda feminista?

Pareciera que, con el avance de las derechas nacionales e internacionales, la urgencia era otra, y nos hicieron creer que nuestra lucha debía pasar a un segundo plano. Incluso en el campo popular, algunos trasnochados se animaron a decir que era una “agenda de minorías” y que nos “habíamos pasados tres pueblos” … y hoy vemos, a las claras del día, que nunca fueron secundarias nuestras discusiones.

A 11 años del primer NI UNA MENOS, quisiera acercar algunas reflexiones más que necesarias para transitar este momento de rabia y dolor. 

Cuando los feminismos hablamos de violencia no solo nos referimos a las más de tres mil muertas que contabilizamos desde el 3 de junio de 2015, eso es solo la punta del iceberg de la violencia estructural en la que vivimos. 

Hablamos de violencia estructural cuando el presidente de la Nación y su ministra de Seguridad pretenden quitar la figura de femicidio, desfinancian las políticas de género y denostan a viva voz la aplicación de la ley de educación sexual integral llamándola “ideología de género”. 

Hablamos de violencia también cuando vemos madres que crían solas reclamar a los deudores alimentarios una y otra vez, mientras ellas deben saltarse comidas para que sus pibes puedan comer.

Violencia es que el porcentaje de hogares endeudados sea altísimo, y que la gran mayoría sean hogares donde las mujeres cuidan y crían en completa soledad. Que las tareas de cuidado recaigan siempre sobre las mujeres no es casualidad. Muchas tienen una triple jornada laboral, (su casa, su trabajo y la comunidad). ¿Alguna vez se preguntaron por qué en los comedores comunitarios las que siempre están ahí atendiendo (no solo la demanda alimentaria, sino todas las demandas que emergen de los barrios populares) son mujeres? No se trata de una casualidad, es que nosotras sabemos que frente a la vulnerabilidad de nuestros cuerpos solo podemos combatir juntas y organizadas.

Que nuestras pibas más jóvenes tengan más fácil acceso al flagelo de la droga que a un trabajo formal también es violencia, porque al abrir esa puerta pueden hacer lo que quieran de nosotras, como sucedió con el triple crimen de Florencio Varela: desmembrarnos, descuartizarnos, tirarnos en bolsas de basura como quien descarta un objeto que no sirve más, ese es el alcance del poder que ejercen sobre nuestra vida.

¿Cuántas niñas embarazadas producto de una violación fueron obligadas a parir en estos 11 años? Posiblemente no tengamos registrados ni la mitad de esos casos, porque nuestra infancia e inocencia no valen nada cuando se trata de ocultar el desamparo y la negligencia de la Justicia argentina. Esa misma Justicia que dejó libre al femicida de Agostina pese a haber tenido secuestrada y maniatada a otra mujer hace poco menos de un año. De la misma forma que en el año 2017, LA MISMA JUSTICIA dejó libre al femicida de Micaela García, pese a tener una condena de 9 años de prisión efectiva por la violación de dos mujeres más. 

¿Cuántas muertes más necesitamos para la aplicación real y efectiva de la Ley Micaela? 

¿Cuánto más vamos a esperar para exigir una reforma judicial con perspectiva de género? 

Es necesario y urgente, retomar la agenda feminista, esa que nos lanzó a las calles en 2018 y nos llevó a conquistar la ley de interrupción voluntaria del embarazo en 2020. La agenda del feminismo es transversal, no es de minorías, porque somos nosotras quienes rescatamos a nuestros pibes de la droga, quienes paramos la olla en los barrios donde el estado no llega, quienes contenemos y acompañamos a nuestras madres e hijas a denunciar la violencia de género. 

Unir las luchas es la tarea. Rebelarnos es urgente.

*Aldana Aguirre – militante de Patria Grande San Fernando.

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