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Las políticas mundiales para combatir la urgencia de la crisis climática parecen estar postergadas

El 22 de abril se conmemora una vez más el Día de la Tierra y a pesar de que la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas lo proclamó en 2009, hace más de 50 años que la sociedad lo tiene presente. Desde hace más de cinco décadas, existe un movimiento de ambientalistas-activistas que accionan en favor de su cuidado, conservación y protección. El nacimiento de Greenpeace en 1971 coincide con esa etapa.

Sin embargo, aunque conservar los ecosistemas se ha convertido en una prioridad para muchos, y cada vez más personas, ante el entorno cambiante que desarrolla nuevas amenazas que ponen en riesgo el balance de la Tierra y la urgencia a la hora de combatir la crisis climática que vive el planeta, los gobiernos lo tienen en la postergación. Así lo confirma el reciente informe del Panel intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) “Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change”, el cuál advierte que con los objetivos y políticas actuales, estamos acercándonos al precipicio, cerrando la puerta del límite de calentamiento de 1,5 °C establecido en el Acuerdo de París.

No obstante, aunque bien se han implementado estrategias desde los gobiernos para cuidar el planeta es necesario que se profundice en trabajar sobre soluciones que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero. En este sentido, este reciente informe trae buenas noticias ya que propone alternativas para al menos reducir a la mitad de las emisiones globales en solo ocho años y avanzar hacia cero emisiones a partir de ahí.

Más de la mitad de esas soluciones para la acción inmediata tienen costos bajos. Esto significa que implementarlos, como la energía solar, eólica y la eficiencia energética en el transporte y los edificios, será más económico que continuar con las tendencias actuales de combustibles fósiles.

En resumen, se trata de deshacernos de los combustibles fósiles lo más rápido que podamos. Y al mismo tiempo, los bosques, la alimentación y la agricultura también pueden y deben desempeñar un papel muy importante.

Existe un enorme potencial de cambio, que viene con muchos beneficios, pero no sucederá por sí solo. Pero además, el cambio no solo debe darse bajo la perspectiva energética, sino también deben darse políticas actuales basadas en atacar otras de las principales amenazas para nuestro planeta, como el avance de la deforestación, el consumo irresponsable, el cambio de uso del suelo, la producción agrícola y ganadera intensiva y la destrucción de los océanos.

Sabiendo de estas posibilidades, hoy es un día para que no solo las personas sean nuevamente parte activa del cuidado de la Tierra, sino que sus gobiernos pongan en agenda todos los días la salud del planeta, apostando a reducir al menos la mitad las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero de aquí a 2030.

Por Bruno Giambelluca – coordinador de la campaña de clima y energía de Greenpeace.

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