La Enseñanza de Humildad

Siempre habrá personas que van a ser recordadas por muchos motivos, pero pocas por el gran corazón y hermoso ser humano como el que ha sido el señor Abel Acevedo

Fué el fundador de la Agrupación Atlética El Talar, entidad dedicada al atletismo, la cual se encuentra establecida en la localidad tal como su nombre indica; dentro del partido de Tigre. La formó con el objetivo de evitar que los niños y niñas deambulen por la calle, y, a raíz de ello tengan la posibilidad de realizar un deporte sano. Dicha noble misión implicó, invariablemente, que la enseñanza haya sido, hasta el presente, gratuita.

Sus actividades comenzaron en la plaza del barrio “La Paloma”, donde junto a un grupo de vecinos se inició esta aventura que cada vez fue incrementando la cantidad de chicos que apoyaba y así se sopesó la idea de formar la aspirada agrupación.

A medida que el tiempo transcurrió, fueron utilizando diferentes predios, ya que al no tener fines de lucro,  entrenaban donde se les era ofrecido o permitido. Actualmente poseen un campo de deporte estable al lado de las vías del tren, específicamente, al costado de la estación del Talar, donde profesores que han surgido de la agrupación y su hijo, Ruben Acevedo, continúan con la actividad y con los mismos valores que les ha inculcado nuestro querido Abel.

Logrando ser muy reconocida a nivel profesional, muchos de sus atletas fueron y son federados. Los mismos, cabe destacar, compiten en grandes torneos oficiales. Asimismo, los jóvenes atletas han tenido la posibilidad de viajar a diferentes lugares del país y han podido conocer paisajes que no se hubieren imaginado jamás.

Evocando historias,  recuerdo una en especial que con lágrimas en los ojos un atleta me dijo, “conocí el mar gracias a que Abel me alentó para participar en los Juegos Bonaerenses”.

Demandaría días, y, más bien meses, el poder contar todas las historias, y, sobre todo, las enseñanzas que nos regaló el gran maestro Abel Acevedo. Conversando con vecinos del barrio o con gimnastas de otros distritos, puedo corroborar que todos lo reconocen y lo recuerdan con gran amor, más allá del deporte, coincidiendo con que ha sido un gran hombre, cuya humildad única, se ha destacado entre tantas otras virtudes.

Su objetivo fué ayudar a los chicos del barrio y sin dudas que lo ha logrado. Hoy, trascendiendo a los vecinos más jóvenes,  personas de todas las edades conforman y participan de esta entidad. Antes que nada nos enseñaba el respeto y resaltaba que la educación era la principal herramienta para ser buenos ciudadanos.

Todos recuerdan sus ollas populares, rebosantes de locros, así como también, de sus grandes ravioladas, que solo bastaba con acercar un plato para formar parte de esa gran familia. Probablemente lo que abundaba, además de su ricos “platos”, era el profundo y desinteresado amor que poseía por sus prójimos.

“Fue y será por siempre el gran maestro de la vida para muchos. La humildad y el amor en una sola persona. Gracias”.

Por Angie Brandoni