Hacia una democracia paritaria

Sin duda las leyes de paridad fueron un gran paso y una muestra de lo que somos capaces de lograr con voluntad política, perseverancia, inteligencia y oportunidad.

Dimos un paso gigante hacia la paridad política

Aunque recién en la próxima elección completaremos el número de mujeres de la paridad, a partir de esta ley el colectivo de mujeres diputadas, legisladoras y concejalas tiene la llave del quorum para hacer valer nuestras demandas, y nosotras tenemos un nuevo sujeto político a quienes reclamar, mujeres que llegaron a sus cargos como producto de una lucha colectiva.

Como en su momento sucedió con el cupo, mujeres que accedieron a sus cargos por la aplicación de la ley de paridad desconocen las luchas que las llevaron a ese lugar. Es hora de exigir a las mujeres de la paridad que nos representen Interbloques de mujeres en la legislatura y los HCD tendrían número suficiente para imponer proyectos relativos a la equidad de género.

Más mujeres en lugares de decisión son una precondición, pero avanzar hacia una democracia paritaria supone dar otros pasos.

No basta con un incremento cuantitativo. Es necesaria una participación cualitativa que se traduce en que su voz y sus intereses se escuchen no solo en las políticas “blandas” o tradicionales (asuntos sociales, mujer, infancia, etc.) sino en el conjunto de las políticas públicas, sobre todo en las decisiones económicas que ahondan la brecha de género.

También es necesario que tanto hombres como mujeres desarrollen formas de liderazgo transformadores que no reproduzcan el modelo masculino y ayuden a conciliar responsabilidades en la política y en la vida.

Además de los techos de cristal, que imponen las instituciones o las normas, hay que romper los techos de cemento que se autoimponen las propias mujeres, relacionadas con sus propios prejuicios, , o al poder en sí, o a su ejercicio, en particular al interior de las organizaciones partidarias, determinantes para la selección de candidatas.

Necesitamos mujeres que no solo compartan o aplaudan las luchas de las mujeres, sino que se atrevan a impulsarlas, que tengan espalda política y emocional para confrontar a veces con su propio bloque, para tolerar las críticas y las descalificaciones, y estar dispuestas a jugar su capital político en defensa de nuestros derechos.

En definitiva, que se animen a romper el techo de cemento y crecer sin el dedo masculino.

La idoneidad como excusa para desplazar a las mujeres

Desde que los que defendían ‘los valores’ de la sociedad patriarcal, empezaron a estar mal considerados, comenzaron a formular nuevos argumentos que, supuestamente, no cuestionan los derechos, pero sí su forma de ejercicio.

Las razones por las que nos negaban la posibilidad de estudiar, trabajar, votar fueron siempre las mismas. Las mujeres no queríamos, no podíamos o no sabíamos, en nombre de una exaltada y simultáneamente desvalorizada naturaleza femenina, que se supone autoevidente, y que dice lo que las mujeres somos y queremos, como una verdad inmutable y un destino irremediable.

Lo curioso es que a medida que fuimos logrando ocupar espacios vedados conseguimos desplazar el concepto apenas un escalón más alto

La cantinela de “no me importa si es mujer o varón, importa la idoneidad”, siempre incluye el supuesto de que las mujeres no son idóneas, o que no hay, o que no quieren.

De hecho, según los últimos censos en las universidades de todo el país, del total de los graduados de cada año, el 60% son mujeres, que además estadísticamente finalizan sus estudios en menos tiempo y con mejores promedios. Y si tomamos por ejemplo la carrera de Abogacía, no solamente la mayoría son mujeres, sino que esa misma proporción se refleja luego en los estamentos más bajos del escalafón judicial, para ir disminuyendo hacia el vértice de la pirámide, donde nos encontramos con la Dra. Highton entre 5 miembros de la Corte.

Cuando hablan de idoneidad, ¿cuánto saben de la idoneidad real de diputados y senadores? ¿Ganaron las bancas por concurso de antecedentes? ¿O por lo que representan o deberían representar?

Cuando hablan de idoneidad para la Corte, ¿saben que hay mujeres en las Cortes provinciales y los juzgados que ganarían por varios cuerpos el curriculum de los jueces y ministros actuales?

El espejismo de la igualdad

Algunos dicen que las mujeres han conseguido suficiente nivel de igualdad para que consideremos que ya pueden ejercer sus derechos sin límites, pero la realidad se encarga de contradecirlos con terquedad. Como si existieran dos sociedades, o dos capas, si comparamos los indicadores de nivel salarial, empleo, salud…siempre en encontramos a las mujeres en un nivel más bajo, salvo, curiosamente, en los estudios universitarios donde superan a los varones en matricula y desempeño.

Detrás de nuestros curriculums hay un curriculum oculto que dice que nos embarazamos, que vamos a faltar porque tenemos hijos, que nos corresponde un salario menor porque somos mujeres…

No es difícil entender que, si tenemos iguales derechos, pero no obtenemos los mismos resultados algo no funciona

Con los derechos en las leyes no alcanza si no existen los mecanismos y la estructura que permita a las mujeres ejercerlos y encima la sociedad nos culpa de los resultados que nos niega

Por eso necesitamos leyes que nos otorguen poder para que el Estado responda a nuestras demandas y privilegien la inversión en políticas de cuidado, jardines maternales, en enderezar el plano inclinado en todos los ámbitos de la vida.

Cuando nos preguntan por qué debe ser por ley la respuesta es que cuando algo es injusto, pero códigos de socialización continúan dictándonos lo mismo, la ley obliga a modificar esos comportamientos.

Sin este tipo de leyes seguiríamos, por ejemplo, teniendo esclavos, y a nadie se le ocurre que estuvo mal otorgarle derechos por ley o sigue creyendo que la culpa de la esclavitud la tenían los esclavos.

Sin legislación de igualdad, los códigos de dominación masculina que continúan transmitiéndose intergeneracionalmente en la cultura dictarían el mandato de que varones dirigieran, implícita o explícitamente, en cualquier ámbito de poder.

Por supuesto que legisladores varones podrían ocuparse de nuestros problemas, pero simplemente no sucede

Por eso la paridad no es un asunto de cargos o, en todo caso, los cargos son un instrumento de poder para instar a la sociedad y el Estado a resolver los problemas de las mujeres

Es dar un nuevo paso civilizatorio para avanzar desde la igualdad de derechos en los papeles a la igualdad de derechos en la vida cotidiana y tiene el contundente respaldo que da la Constitución a la paridad el artículo 37 que elige la herramienta de las acciones positivas, un artículo entero de la Constitución donde se ofrece como solución que el Estado garantice esa igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres.

Es un derecho que está con nosotros hace mucho tiempo. No necesitamos inventar para hacerle decir a la Constitución algo que ya dice.

Ahora vamos por la paridad en los otros poderes del Estado, las instituciones públicas y privadas, y la vida.

La gestión del gobierno saliente ha sido desastrosa en términos de equidad en general y de equidad de género en particular.

Se incrementó la pobreza en general, pero, sobre todo, profundizaron la desocupación, la inequidad y la exclusión social. La brecha salarial, se ensancha en los trabajos más precarios, las mujeres hacemos tres veces más trabajos domésticos y de cuidados no remunerados que los varones, más de un tercio de las trabajadoras está precarizada y no acceden a licencias por maternidad ni cuidado familiar, y mañana no tendrán una jubilación digna. La mayor presión de las responsabilidades familiares hace aún más dependientes a las mujeres de los puestos laborales que es aprovechada para imponer condiciones laborales más desfavorables para las mujeres. Incluso reduciendo el personal femenino en “edad reproductiva”.

Como las mujeres son quienes más soportan la desocupación, la informalidad laboral, los bajos salarios y la precarización, que golpean a las mujeres con mayor fuerza.

El gobierno de Macri además ha retrocedido en todas las políticas públicas específicamente dirigidas hacia las mujeres, los organismos destinados al establecimiento de políticas con perspectiva de género contaron con bajos presupuestos y los equipos técnicos y profesionales encargados de ejecutar las políticas muestran debilidades en su capacidad para ejecutarlas.

Fue un gobierno esencialmente conservador y patriarcal, no solo por expresiones francamente machistas del presidente, sino particularmente por el pensamiento mayoritario de las mujeres que ostentaron cargos de representación.

La tierra arrasada que dejaron está poblada sobre todo por mujeres.

Bienvenido el 2020 y un nuevo modelo de gobierno!

La nueva gestión se inicia con ventajas y desafíos.

Durante estos años la masiva movilización de las mujeres en las calles, los múltiples eventos y debates, las campañas en las redes, los consensos logrados, y hasta los disensos, visibilizaron las amplias y diversas reivindicaciones de las mujeres y las disidencias.

Como nunca quedaron expuestas la desigualdad, la discriminación, la violencia ejercida en todas sus formas, las leyes y normas que se incumplen, la ausencia de Justicia, la ausencia de mujeres en los lugares de decisión, la falta de autonomía sobre nuestros cuerpos, reivindicaciones tan diversas como diversas somos las mujeres.

Logramos imponer en los medios y en el debate social una agenda política que hoy es insoslayable.

El nuevo gobierno tiene el desafío y la responsabilidad de avanzar en convertir esas demandas en políticas públicas que trasciendan las declaraciones de principios, y tiene la ventaja de contar con una agenda concreta de acciones que debería interpelar a todas las áreas de gobierno.

La creación del Ministerio de la Mujer es un enorme impacto simbólico y una expresión de voluntad política indudable. Sin embargo, no mejora mucho sobre las competencias del primer Consejo Nacional de la Mujer que encabezaba Virginia Franganillo, y aún no sabemos con qué recursos cuenta.

Aspiramos a una ministra sentada en las reuniones de gabinete debatiendo con cada ministro el impacto de cada política en la vida de las mujeres y promoviendo la agenda que las mujeres gestaron en las calles.

La ministra no está sola, cuenta con los resultados de la paridad en ambas Cámaras, y con un poderoso movimiento de mujeres cada vez más organizado que no está dispuesto a dejar la calle y está esperando ser convocado con muchísimas expectativas.

Nos espera un año de mucho trabajo, pero también de muchos avances hacia una sociedad inclusiva

Yo voy a su encuentro con alegría y esperanza

Por Marcela Durrieu