El 23 de Septiembre de 1947, se promulga la ley 13.010 que otorga los derechos políticos a las mujeres. Fruto de la organización colectiva de las mujeres y del liderazgo de Evita, el 11 de noviembre de 1951, las mujeres votamos por primera vez y pudimos ser votadas. El Partido Justicialista ganó bancas de diputadas, senadoras y concejales. Los Partidos Demócrata, Conservador y Radical no incorporaron mujeres a sus listas.
Hoy se cumplen 72 años de aquel 23 de septiembre de 1947, hito en la lucha y reivindicaciones de los derechos de las mujeres. Fue durante el gobierno de Juan Domingo Perón, que se promulga la Ley 13.010 que establece el voto femenino en Argentina. Hasta ese momento, la Ley Sáenz Peña establecía el voto secreto, obligatorio y “universal” desde 1912. Pero de “universal” no tenía nada, ya que estaba restringido a los varones. La mitad de la población mayor de 18 años, las mujeres, no podíamos ejercer nuestro derecho al sufragio universal. En ese momento, el movimiento feminista, reclamaba derechos civiles para las mujeres, pero aún sin la fuerza suficiente para concretarlos en derechos políticos. Algunas voces de entonces eran las de María Abella Ramírez que allá por el 1900 fundó la Revista Nosotras, desde donde se pronunciaba a favor del sufragio universal femenino; Julieta Lanteri, graduada en medicina en la Universidad de Buenos Aires, quien en 1911, luego de varias presentaciones judiciales, pudo votar en la ciudad de Buenos Aires (tanto miedo les dió ver a una mujer votar, que se tomaron la molestia de prohibir por ordenanza el voto femenino); Alicia Moreau, referenta del socialismo en la Argentina.
Es más adelante en las páginas de nuestra historia, por la década del 30, 40 cuando Argentina entra en el modelo de sustitución de importaciones, que se da el ingreso masivo de las mujeres al mundo del trabajo fuera del hogar. El ingreso de las mujeres a la fábrica con su consecuente sindicalización y politización de las mujeres, deja un terreno fecundo para impulsar el voto femenino. Con la asunción de Juan Domingo Perón a la presidencia, con el fuerte apoyo de la clase trabajadora, se concreta el escenario para lo que llamaremos, la segunda ola del movimiento feminista. Esto es, los derechos políticos de las mujeres, con el impulso de Evita, toman masividad y se hacen efectivos a partir de la Ley 13.010 que establece el voto femenino en Argentina. Los derechos, se ganan, se conquistan, los derechos políticos de las mujeres, fueron (y siguen siendo) fruto de la organización colectiva y trama de historias de colectivos y mujeres… El método fue brillante: la construcción de la Rama Femenina del Justicialismo, con una clara representación, Eva Duarte de Perón, líder indiscutida dentro del movimiento y odiada desde las vísceras, por la oligarquía conservadora. Eva Duarte, presidió la Comisión Pro Sufragio, y junto a las compañeras delegadas censistas, visitaron sindicatos y fábricas, movilizaron a la Plaza de los dos Congresos, participaron en los debates previos a la ley y llenaron el país de Unidades Básicas Femeninas. Disputar poder, ocupar espacios y sumar adhesiones. Para ello, las herramientas políticas: el discurso y la acción organizada colectivamente.
Con el peronismo, se logra masividad y universalidad de los derechos políticos de las mujeres. El discurso en torno al nuevo rol de la mujer, permitió ganar la batalla cultural, llegar al sentido más común, hasta que sea indiscutible que las mujeres tengan derecho al voto: apelar a lo femenino y ganar lo público; la mujer como guardiana del hogar, como maestra y primera educadora de sus hijos, que puede transmitir esas cualidades al espacio público. En palabras de Evita “La mujer debe afirmar su acción, la mujer debe votar. La mujer, resorte moral de un hogar, debe ocupar su sitio en el complejo engranaje social de un pueblo. Lo pide una necesidad nueva de organizarse en grupos más extendidos y remozados. Lo exige, en suma, la transformación del concepto de la mujer, que ha ido aumentando sacrificadamente el número de sus deberes sin pedir el mínimo de sus derechos”.
El voto femenino promulgado en 1947, se hace efectivo en 1951, cuando las mujeres votamos por primera vez. El voto, fue una llave de acceso para ampliar los derechos políticos de las mujeres, ya que con el empadronamiento, las mujeres obtuvimos la libreta cívica, que antes la poseían solo los hombres, lo que desembocó en la patria potestad compartida (1949) y la participación dentro del Congreso. El gran acierto de las mujeres peronistas, organizadas a partir del liderazgo de Evita, fue modificar el status quo de la sociedad y cambiar desde adentro al movimiento peronista. Con la fuerte impronta de la organización del partido peronista femenino (que es el que propone la candidatura de Evita a la Vicepresidencia), logran conformar la tercera rama del partido justicialista que queda constituido por la rama de los varones, la sindical y la femenina. Por lo tanto, las mujeres, piden ocupar el 30% de los cargos dentro del partido justicialista. Aplausos de pie, para estas mujeres que disputan y conquistan sus derechos, que saben que hasta el mismo Perón, no se los va a regalar. Las mujeres votamos por primera vez el 11 de noviembre de 1951 y llenamos las urnas con una alta concurrencia en los comicios y una contundente victoria del Peronismo. Pero como nos dice Evita: “Tenemos, hermanas mías, una alta misión que cumplir en los años que se avecinan. Luchar por la paz. Pero la lucha por la paz es también una guerra. Una guerra declarada y sin cuartel contra los que avergonzaron, en un pasado próximo, nuestra condición nacional. Una guerra sin cuartel contra los que quieren volver a lanzar sobre nuestro pueblo la injusticia y la sujeción… El voto que hemos conquistado es una herramienta nueva en nuestras manos. Pero nuestras manos no son nuevas en las luchas, en el trabajo y en el milagro perpetuo de la creación”.
Hoy las mujeres tenemos muchísimas banderas que levantar en la lucha para lograr una sociedad más justa, por igual trabajo igual remuneración, el reconocimiento de la doble y triple jornada laboral que realizamos, el trabajo invisible de las tareas de cuidado y de reproducción, el acceso a los anticonceptivos y a la decisión sobre el propio cuerpo. Las mujeres somos la mitad de la población del planeta, hemos sido discriminadas durante milenios, estamos organizadas y vamos a seguir transformando nuestras luchas en derechos conquistados. El 23 de Septiembre de 1947, las mujeres conquistamos nuestro derecho a votar, nadie nos regaló nada, fue producto de las luchas, organización y esfuerzo colectivo de miles de hermanas, heroínas anónimas de la historia que nos iluminan y allanan las luchas presentes.
Por Lic. María Flor Rubinich – Militante Peronista
