Fuerzas Armadas, control civil y liderazgo

Iniciamos el Año Belgraniano. El próximo 20 de junio se cumplirán 200 años del fallecimiento del insigne líder y polifacético prócer, acontecimiento que nos impulsa a reflexionar sobre nuestro pasado histórico, sin eludir la memoria. El aniversario coincide con el primer año de una nueva gestión de gobierno, en un contexto internacional cambiante, incierto e inestable, y una delicada crisis en el marco socio-político y económico nacional.

Un contexto de crisis que, a diferencia de otros anteriores, encuentra a las Fuerzas Armadas (FF.AA) plenamente subordinadas a las instituciones republicanas y alejadas del nefasto germen político que las afectó internamente en el pasado. Una de las causas de ello fue la carencia de liderazgos en el orden político y militar. Arnold Toynbee nos recuerda al respecto: “El surgimiento y caída de las sociedades tiene correlación, punto por punto, con el tipo de liderazgo que se ejerce”. En el mismo orden de ideas, Karl Jaspers asegura que esa declinación se da en todas partes y “…un número creciente de los hombres que vemos llegar a la cima parece que solo van a la deriva”. Ambos conceptos, vertidos en el siglo pasado, mantienen plena vigencia en el mundo actual y particularmente en Latinoamérica.

Acorde con ello nos preguntamos ¿los hechos en la historia formaron a los líderes o ellos gestaron esos hechos? Mi respuesta es que se debió a una combinación de ambos. En síntesis, liderar es la capacidad para hacer que las cosas se realicen y surjan en los momentos necesarios. El liderazgo está vinculado con el carisma y la confianza que inspira quien conduce, y no solo al imperio de leyes, directivas y órdenes.

Definitivamente atrás ha quedado un lamentable período de cuatro golpes de Estado cívico-militares en la segunda mitad del siglo pasado -nueve presidentes de facto militares-, y más de cuarenta “chirinadas”, en las que hubo incitación y apoyo -a un sectarismo pretoriano y macartista- de sectores políticos, empresariales, sindicales, corporativos, mediáticos y culturales.

En el inicio de la tercera década del presente siglo, es imprescindible consolidar el equilibrio en las relaciones cívico-militares. Que se continúe, por un lado, con el respeto y la subordinación de las FF.AA a los poderes constitucionales y, por el otro, con una autonomía profesional -sin influencias partidistas o ideológicas- que éstas necesitan para la optimización de sus capacidades, funciones y necesidades, lo que contribuirá, entre otros aspectos, a la preparación del presupuesto militar, a las reglas de empeñamiento, a lo prescripto en el Preámbulo de la Constitución Nacional: ”Proveer a la Defensa Común”, y también al accionar del Poder Ejecutivo Nacional (Art.99-Inc. 12/ 14) en su carácter de “comandante en jefe de todas las fuerzas armadas (…) y “disponer de ellas y correr con su organización y distribución según necesidades de la Nación”; y del Poder Legislativo (Art.75-Inc 27) para: “Fijar las fuerzas armadas en tiempo de paz y de guerra, y dictar las normas para su organización y gobierno”.

Recordemos a Clausewitz: “La subordinación del punto de vista militar al político es lo único posible”. Así, las sociedades democráticas han hecho del control de las autoridades constitucionalmente establecidas uno de los rasgos distintivos, junto con la protección de los derechos humanos. Lo expresado exigirá líderes, civiles y militares -que los tenemos- que confíen en las aptitudes y perspicacia de otras personas, y que sean visionarios y convencidos de que pueden conformar el futuro actuando acorde con esa creencia a través de su comportamiento personal.

Es indispensable e impostergable conformar un Sistema Integrado de Defensa Nacional -consensuado con las principales fuerzas políticas- en función de los intereses y los objetivos estratégicos esenciales del Estado, prescindiendo de la existencia o posibilidad actual de un conflicto armado; sistema que demandará sin duda varios mandatos presidenciales. De ello dependerá en gran medida la paz y la estabilidad de la Nación.

En tal sentido, son importantes los lineamientos generales sobre el tema expresados por el presidente Alberto Fernández, en su mensaje con motivo de su asunción el 10 de diciembre pasado en el Congreso Nacional, como así también lo puntualizado por el Ministro de Defensa, Agustín Rossi, referido al Fondo Nacional de la Defensa (Fondef), quien también recordó que “el militar es el único ciudadano que en su juramento profesional se compromete a defender a la patria hasta perder la vida”.

La historia demuestra que en la conducción de un país, de una fuerza armada o de cualquier organización, se requiere de muchos acontecimientos y de diferentes personas para producir tanto un éxito importante como un lamentable desastre. Nicolás Murray Butler, ex presidente de la Universidad de Columbia de Nueva York, dijo: “Hay tres clases de personas en el mundo: las que no saben lo que está ocurriendo, las que observan lo que está ocurriendo y las que hacen que ocurran las cosas”. Estos últimos son los líderes, hombres que hacen las instituciones, y no a la inversa. No hay realidad excepto en la acción.

Concretar lo expresado sería el mejor homenaje a un jurisconsulto, político, economista, periodista, impensado e intuitivo militar, promotor de la agricultura, la ganadería, el comercio y la educación. Belgrano murió en la más extrema pobreza, casi olvidado por sus conciudadanos. Quiera Dios que desde la inmortalidad nos guíe para superar definitivamente el dolor de las últimas palabras que se le atribuyen: “¡Ay, patria mía!”.

Por Martín Balza – Ex Jefe del Ejército Argentino. Veterano de la Guerra de Malvinas y ex Embajador en Colombia y Costa Rica.

Columna Publicada en Clarin.com