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Feminismos contra la violencia

Por Candelaria Puccio

Este 8M nos encuentra en un escenario sumamente convulsionado: en Medio Oriente, la escalada entre Israel, Irán y Estados Unidos volvió a poner a la guerra en el centro de la política internacional. Bombardeos, misiles, y amenazas cruzadas marcan un escenario en el que la violencia aparece nuevamente como una herramienta legítima para ordenar el mundo. Javier Milei decidió alinearse abiertamente con uno de los bloques en conflicto, rompiendo con una tradición diplomática que, con matices a lo largo de distintos gobiernos, buscó privilegiar la resolución pacífica de los conflictos.

En la Argentina, hace tiempo que las lógicas de la deshumanización permean el lenguaje de la política siendo estas formas condición necesaria para sostener un programa económico basado en el ajuste pero un ajuste selectivo. La suspensión de pensiones por discapacidad, el congelamiento al financiamiento universitario, las jubilaciones, la interrupción de los alimentos a los comedores, el cierre de la Secretaría de Integración Sociourbana paralizando obras en los barrios populares y la lista sigue.

No casualmente se vieron afectados aquellos espacios que organizan y sostienen la vida de lo común –como tampoco casualmente fue condenada Cristina, la mujer que puso en el centro de su programa de gobierno la justicia social.

Es importante señalar que esos vacíos no desaparecen sino que reorganiza el trabajo y se traslada a los hogares y territorios donde son mayoritariamente las mujeres quienes absorben esas tareas a través de más trabajo de cuidado sin remuneración, generando así una experiencia individual de una crisis que es colectiva.

Los feminismos populares anteponemos a este modelo otro proyecto posible. Uno que nombra con claridad sus adversarios y que teje alianzas estratégicas desde la diversidad de los espacios para que podamos construir horizontes comunes.

Porque si algo ha demostrado la historia reciente es que frente al avance del ajuste no hay salvación individual posible. Por el contrario, lo que emerge es la necesidad de reconstruir las tramas comunitarias que permiten enfrentar la crisis de manera colectiva. En los barrios populares esas redes se tejen todos los días: en los comedores, en las organizaciones territoriales, en las cooperativas, en los espacios de cuidado y de acompañamiento mutuo.

Las mujeres y diversidades han estado en el centro de esas experiencias. No por una disposición “natural”, sino porque frente a la desigualdad estructural nos hicimos cargo de resolver aquello que el mercado y el Estado abandonan.

El carácter de estas formas de poder: la crueldad, la deshumanización del adversario, el extractivismo colonial, no son fenómenos aislados sino que responden a lógicas profundamente patriarcales de organizar el mundo.

En el campo nacional y popular hoy pareciera atravesarnos una misma pregunta: qué hacer frente a este escenario y cuál es la tarea de esta etapa. Tal vez una de las respuestas posibles sea volver a mirar al feminismo popular y colocarlo en el centro de la escena política. No solo como una agenda sectorial, sino como una perspectiva capaz de ofrecer un proyecto radicalmente antagónico al modelo imperante. Porque si algo demostró nuestro movimiento en los últimos años es su enorme capacidad de organización, de conquistar derechos y de transformar la vida real y concreta. Allí donde el poder hegemónico y masculinizado propone guerra, competencia y destrucción, el feminismo contiene, construye estrategia, organización, integralidad, comunidad y ternura. Estoy convencida que esos son los puntos de partida para construir una Argentina Humana.

*Candelaria Puccio – militante de Patria Grande – Mala Junta – Argentina Humana.

CRISTINA LIBRE!

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