Evita, nuestra bandera

«Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria.» Evita.

El pueblo la llamó Evita, y hasta le dedicamos altares, porque en ese espacio entre el ícono y la fe, está la creencia popular, que no es otra cosa que la creencia que no se despega del suelo para llegar al cielo.

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Ahí está Evita, en el espíritu de un pueblo que se levanta desde hace años buscando su definitiva emancipación.

Cuando elegimos a Evita y no Eva o a María Eva Duarte, estamos tomando su legado, cuando nos dijo «Nadie sino el pueblo me llama Evita» , y no se trata simplemente de una cuestión nominal, se trata de la profunda relación entre el pueblo y sus banderas.

Cada 26 de julio, pensamos en que hubiera sido de Evita si viviera, o si la enfermedad no hubiera sido tan voraz , y caemos en un lugar que simplemente niega la creencia popular. Evita vive.

Vive porque es parte de una liturgia , es bandera de liberación, es estampita y santa sin iglesia, es el espíritu indomable de un pueblo que ansía justicia.

El fanatismo como fuego sagrado y la patria como sinónimo de pueblo, la entrega y la renuncia y la profética vuelta como bandera a la victoria son ejes fundamentales para entender que el peronismo, el que recuerda a Evita sin bronces pero con amor incondicional, no tiene sentido sino vine a cambiarlo todo.

Como movimientos populares, podemos recordar y hacer un sin fin de homenajes, pero sabemos que llevar a Evita como bandera a la victoria es construir una patria donde podamos elegir qué sembrar y comer, qué vestir, trabajar y tener vacaciones, tener derechos y no más necesidades.

Hoy nos toca nuevamente gobernar, y tenemos al Estado para cambiar y cambiarlo. Millones de compatriotas tienen hambre o no tienen techo. El pueblo, el que es patria y es Evita, hace años que está sufriendo.

Nuestro mayor homenaje es dar vuelta todo, poner al Estado de cara al pueblo, llenarlo de cabecitas negras, cambiarle el color y que huela a fiesta y barriada.

El peronismo es revolución y Evita nuestra guía eterna.

Por Ariel Fernandez – Concejal Malvinas Argentinas