Por Federico Perez Grote
El 17 de agosto nos invita siempre a mirar la historia, pero en la Plaza San Martín de Don Torcuato la patria se midió en el presente a través de un contraste desgarrador: la esperanza intacta de un chico frente al sesgo y la desidia de la gestión local.
El momento más conmovedor de la jornada lo protagonizó un niño que desfiló vistiendo el uniforme de los Granaderos a Caballo. Verlo marchar erguido, con la ilusión encendida de quien ya eligió su destino —ser custodia de honor y defensor de la patria— hizo resonar con fuerza la célebre premisa del Gran Capitán: “Serás lo que debas ser, o no serás nada”.
Ante esa postal, no pude evitar reflexionar:
«Como vecino y alguien que siente un respeto profundo por la historia de los Granaderos, ver a ese chico marchar me conmovió en lo personal. Nos demuestra que la vocación, el respeto y el amor por la patria no son discursos vacíos, sino valores reales que nacen en el seno de las familias. Si un niño tiene tan clara su vocación de servir y defender a su país, los adultos y la dirigencia tenemos la obligación moral de estar a la altura de esa ilusión.»
Sin embargo, el marco del desfile dejó al descubierto una grieta inaceptable. Por la plaza marcharon con orgullo la Gendarmería Nacional, los cadetes de la Policía Federal, los Bomberos Voluntarios, instituciones como el Club de Leones y el Rotary, e incluso las escuelas privadas de la zona.
La comunidad organizada estuvo presente. Pero las grandes ausentes, borradas del mapa por la organización municipal, fueron las escuelas públicas del distrito. No hubo un solo abanderado, ni una sola delegación de los colegios estatales donde día a día se forman miles de chicos.
La postal roza el escándalo cuando en el palco oficial posaban y aplaudían todos los funcionarios locales responsables de la gestión del Fondo Educativo municipal. ¿Con qué cara miran a los vecinos?
«La educación pública no es un renglón presupuestario en un expediente ni un decorado para las fotos de ocasión; es el corazón de nuestro municipio. Ver a los responsables de gestionar el Fondo Educativo aplaudiendo en el palco mientras las aulas estatales quedaban invisibilizadas en la plaza me dejó un sabor muy amargo. Exigir que nuestros alumnos y docentes ocupen el lugar de honor que les corresponde no es un señalamiento partidario: es defender la dignidad del trabajo cotidiano que se hace en la escuela pública.»
San Martín sostenía que “la ilustración y la educación son la base de la libertad de los pueblos”. Manejar los fondos de la educación pero dejar a las escuelas públicas fuera de la plaza mientras el sector privado sí desfiló es una contradicción nefasta.
Nos quedamos con el orgullo que contagió ese pequeño granadero, pero también con la obligación de exigir explicaciones a una gestión que prefirió dejar a la educación pública en la sombra.










