Por Carolina Podlesker*
Cada 1° de mayo nos invita a detenernos y reflexionar sobre el trabajo. Esta fecha nos desafía a preguntarnos qué lugar ocupa hoy en nuestras vidas, en nuestras comunidades y en el modelo de país que queremos construir.
Durante años, el trabajo fue —y sigue siendo— uno de los principales organizadores de la vida social. Porque no solo garantiza ingresos: otorga identidad, pertenencia, propósito. Es decir, un puente entre el esfuerzo individual y el desarrollo colectivo.
Sin embargo, ese puente viene atravesando, desde hace décadas, tensiones serias y profundas en nuestro país.
Vivimos en un contexto de transformación acelerada, donde la tecnología redefine oficios, la informalidad persiste como una deuda estructural y la incertidumbre se vuelve parte del día a día. Para muchos, trabajar ya no es sinónimo de estabilidad. Para otros, acceder al trabajo sigue siendo una meta lejana. Para las nuevas generaciones, su significado está siendo cuestionado.
En este escenario, la discusión no puede ser solo económica. Es, ante todo, una discusión política y social: ¿cómo generamos condiciones para que el trabajo vuelva a ser un motor de movilidad y no un espacio de vulnerabilidad? ¿Cómo acompañamos a quienes quedan fuera de los sistemas tradicionales? ¿Qué rol deben asumir el Estado, el sector privado y la sociedad civil?
Desde mi experiencia en la gestión pública, he visto de cerca tanto el valor transformador del empleo como las limitaciones de los enfoques aislados. El desarrollo sostenible no se construye con soluciones fragmentadas, sino con estrategias integrales que articulen educación, producción, innovación y territorio.
También implica recuperar una idea clave: el trabajo no es solo una variable económica, es un factor de cohesión social y de dignidad de la personas. Donde hay empleo genuino, hay comunidad, hay proyecto, hay futuro.
Hoy, más que nunca, necesitamos salir de miradas binarias y construir consensos. Apostar a políticas que incentiven la inversión, pero también que protejan a quienes trabajan. Promover la formalización sin ahogar la iniciativa. Impulsar nuevas oportunidades sin dejar a nadie atrás.
Este 1 de mayo no debería ser solo conmemorativo. Debería ser un punto de partida. Porque hablar de trabajo es, en definitiva, hablar del tipo de sociedad que elegimos ser.
*Carolina Podlesker – Concejal PRO Honorable Concejo Deliberantes de Malvinas Argentinas (mandato cumplido 2021 – 2025)
