El esfuerzo, las reformas y el timing.

Por Alejo Iramain*

El camino de las reformas, vendidas como “modernizacion”, aunque necesario instala en la agenda un debate de idearios en la lógica de funcionamiento del mercado argentino más no en el orden cronológico de las mismas, la política lamentablemente y una vez más, se impone en su necesidad por encima de la realidad económica, esa ciencia social de impulsos y retrocesos que administra lo escaso.

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El resultado electoral marcó el inicio de otra temporalidad de análisis económico, tanto de macro o como de micro. Una macro que con dificultades busca su reordenamiento, que pondera la previsibilidad de pagos de servicio de deuda, que busca despejar el riesgo país (hoy disfrazado de riesgo kuka desde la narrativa del marketing político) y una micro que sufre los efectos de la contracción económica, una inflación que bajó sensiblemente, pero encontró un estancamiento en su baja, incluso ostentando un leve aumento cual fuera previsible analizando la inflación mayorista (de costos) del mes previo.

A esto se suma una disparidad de performance en empresas según su rubro, algunas empresas que colocan ONs (obligaciones negociales, deuda privada) en aras de proyecciones positivas y empresas que pagan sueldos en cuotas y pueden ahora incluso recurrir al BNA a tomar crédito blando para abonar aguinaldos. Disonancias de una economía cuyas reglas de juego cambian cada 4 años, afectando más a aquellas empresas cuyo core no logre adaptarse.

Otro debate necesario y accesorio a este, es la implementación de nuevas tecnologías que dinamicen sectores, actualizándolos a los nuevos desafíos en especial al timing de adaptación de mercados para reasignar recursos sin volverlos ineficientes, un verdadero desafío que el estado debe estimular saliendo de la anacrónica discusión política ideológica y entrando en el pragmatismo de la excelencia, calidad y competitividad.

El sector privado necesita incentivos para producir y mercados que mantener, recuperar e incursar. En ese sentido, las reformas que directa o indirectamente buscan reducir costos pueden ser insuficientes si el timing de las reformas se dilata, máxime cuando el mercado interno no tiene estímulos reales y el peligro de mayor licuación pueda ajustar aún más la economía.

En ese aspecto el gobierno tiene pericia en entender que debe obtener divisas para despejar dudas del frente externo, pero aún tiene materias pendientes en la producción, el trabajo y la rotación.

El gobierno erra su aparato comunicacional en solo versar sobre inversión y cuantificar los posibles ingresos, cuando bien requiere cuantificar los puestos laborales que directa e indirectamente se deben crear, bien sabido es que un salario en una mesa familiar es una alegría para el hogar y es materia, responsabilidad y razón de ser de los gobernantes cuidar y mejorar el estilo de vida de sus habitantes, sus representados.

Una primera aproximación a este modelo, si es que podemos hablar de tal, es la carencia de créditos productivos, donde la política fiscal de superavit bien puede garantizarlos en un “win-win” donde el estado pueda promover la innovación, convirtiéndose en un rector de modernización y no en una carga elefansiastica.

Si el timing de las reformas y las reformas en si, no toman de la mano la realidad económica actual, el vacio intermedio puede crear situaciones de gravedad extrema en la adaptabilidad del mercado, sin mencionar una nueva era de litigiosidad de nuevas jurisprudencias que pudieran o no, apelar a la constitucionalidad en reserva, riesgos asociados no menores y de los cuales ni siquiera veremos su resultado final hasta después del 2027. ¿será la premura de la sanción de la norma un desafío en la calidad de la misma?, ¿puede ese desafío trunco allanar el camino a nuevas problemáticas que alejen los frutos deseados de ese andamio legislativo?, en el interine ¿cuantos empleos más pueden perderse a falta de pesos en plaza, consumo y rotación?.

*Alejo Iramain – economista de Vicente Lopez y Asesor Financiero del IAEF