“Día de la Solidaridad”


En el día de la solidaridad, algunas reflexiones sobre cómo la pensamos, y cómo esto se refleja en el futuro que buscamos.

Para una parte de la sociedad la solidaridad es una acción individual por la cual alguien se asocia o acompaña a otra persona, para brindar o recibir ayuda en cierto momento o situación determinada. Esta mirada se refleja en, por ejemplo, la definición de la Real Academia Española: “adhesión circunstancial a la causa, empresa u opinión de otro”. Para otra parte de la sociedad, en la cual me incluyo, la solidaridad es algo más que un mero acto individual. La solidaridad es una condición necesaria para la práctica política en cualquiera de sus formas: desde los movimientos feministas, hasta el ambientalismo, o la política partidaria.

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Personalmente, en mi día a día, la solidaridad es escuchar al vecino y transmitir sus inquietudes y demandas al sistema político para poder darle soluciones que mejoren su calidad de vida. La solidaridad de mis compañeras con las que viví procesos de conquista de derechos como la Interrupción Legal del Embarazo o la Paridad en las listas. La solidaridad con la que las juventudes encaran el problema del cambio climático, entendiendo que afecta a toda la humanidad pero principalmente a quienes menos tienen. Esa es, para mí y para muchos y muchas más, la verdadera solidaridad.

La solidaridad es feminista cuando se convierte en una forma de transitar la vida, que atravisesa los movimientos culturales y políticos, motorizando la constante resistencia a la opresión patriarcal y las desigualdades socio-economicas que sufrimos las mujeres. Construye medios a través de barreras interseccionales, y surge cuando se admiten las interdependencias, el reconocimiento y el compromiso. Implica encontrar una forma de vivir juntas y compartir, en un mundo atravesado por estas grandes desigualdades, un espacio común de seguridad y afecto; de sostén y lucha. La solidaridad es sororidad.

Y es a partir de las desigualdades, desde las acciones que tomamos para eliminarlas, que marcamos nuestra posición en torno a la solidaridad. La vida que queremos es una vida solidaria, para todos y todas.

Quienes piensan la solidaridad desde y para el individuo se olvidan que este depende de otros y otras, y necesita de la socialización para ser pleno. La pandemia nos dejó en claro esto: nadie se salva solo. Ollas populares, trueques solidarios, asistencia y donaciones a los afectados por las inundaciones: en los peores momentos de la Argentina, la solidaridad del pueblo nos sacó adelante.

Construir futuro a partir de quien tenemos al lado, de los que más luchan y menos tienen; de quienes más trabajan y menos reciben. Son en tiempos como los actuales cuando la importancia de la solidaridad cobra relevancia en la agenda. Y en tiempos como los actuales queda en evidencia la inconsistencia de pensar la solidaridad como el acto individual de “ayudar” con “lo que te sobra”. La solidaridad para mí es transformadora de la realidad. Genera lazos colectivos y amplía puntos de vista.

Todos merecemos una vida digna, y si bien el esfuerzo individual es necesario, la experiencia nos demuestra que no es suficiente. Para garantizar el trabajo digno, el acceso a la salud y la educación de calidad es necesario un Estado que con sus políticas esté presente.

Y estamos dando pasos concretos en este camino, hacia una Argentina con futuro. Donde más de un millón de trabajadores dejan de pagar el impuesto a las ganancias, y un emprendedor puede facturar como monotributista más fácilmente. Donde se garantizan las vacunas y se le da a la salud la importancia que merece. Donde el sistema productivo se pone de pie, y se prioriza la vida, el bolsillo y la dignidad de las personas. Hacia esa Argentina vamos, y esa Argentina es, sin dudas, una Argentina solidaria.

Por Sofía Vannelli – Abogada – militante feminista y referenta del Frente Renovador – Concejala de Vicente López y precandidata a senadora provincial por el Frente de Todos.