Por Martín Szmukler
Kicillof y Máximo Kirchner encontraron un punto de acuerdo para ordenar el partido, pero las diferencias siguen abiertas. Las reelecciones, las vacantes judiciales y los movimientos de Leonardo Nardini muestran que la discusión por 2027 atraviesa cada negociación del peronismo bonaerense.
Axel Kicillof y Máximo Kirchner se sentaron a conversar antes de que se reuniera el Consejo Provincial del PJ. Después de los cruces públicos, la foto tuvo un primer efecto: bajar la tensión. Según lo que trascendió de ese encuentro en La Plata, el entendimiento permitió encaminar la continuidad de Máximo al frente del Congreso partidario y de Leonardo Nardini en la Junta Electoral.
¿Alcanza para hablar de una interna resuelta? Todavía falta bastante. Acordar quién administra la estructura partidaria es un paso; definir quién conduce electoralmente al peronismo es una discusión mucho más profunda. Las PASO, el calendario y las candidaturas siguen sobre la mesa.
La reunión previa también mostró algo: ninguno parece dispuesto a llevar la pelea hasta un punto que haga imposible negociar. Pueden cuestionarse en público y, al mismo tiempo, necesitarse para ordenar el partido, aprobar leyes y llegar a 2027. Esa necesidad compartida explica mejor la tregua que cualquier anuncio de unidad definitiva.
Mientras tanto, las reelecciones municipales volvieron a concentrar buena parte de la conversación política. Una nota de Clarín instaló que La Libertad Avanza podía revisar su rechazo como parte de una negociación con el radicalismo. La hipótesis tenía una lógica electoral: ofrecer continuidad a los intendentes radicales para facilitar un acuerdo provincial.
Santilli respondió con un “jamás”. El PRO también salió a defender el límite aprobado durante la gestión de Vidal. Cuando consulté en Casa Rosada, la primera respuesta fue remitirme al mensaje de Santilli. Ante la repregunta, la fuente sostuvo que no tenía información sobre un cambio de posición, aunque agregó una salvedad conocida: esto es política y las posiciones pueden moverse.
Por ahora, el rechazo es la postura pública. El supuesto acuerdo sigue siendo una versión. Confundir esas dos cosas sería dar por cerrada una negociación que nadie confirmó.
El poroteo, además, exige mirar más que las declaraciones. Hay votos afirmativos, votos negativos y ausencias que pueden facilitar una sesión. En el propio peronismo, el Frente Renovador mantiene su oposición. También habrá que observar a los bloques libertarios alejados de la conducción nacional y a los radicales del interior, donde la discusión toca directamente la continuidad de sus gobiernos municipales.
Ese interés explica la dureza de Mario Secco contra Sergio Massa. El intendente de Ensenada recordó el respaldo territorial que recibió el excandidato presidencial y le pasó una factura concreta: “A él le llenamos la cancha de Cambaceres con 50 mil compañeros”.
El mensaje fue claro: cuando Massa necesitó movilización, los intendentes estuvieron. Ahora Secco espera una devolución. El massismo respondió desde otro lugar: tuvieron tiempo para preparar sucesores.
Ahí aparece uno de los problemas que el peronismo todavía no resolvió. Los intendentes reivindican el voto de sus vecinos como argumento para volver a competir; quienes defienden la alternancia preguntan por la renovación. En el medio queda una sociedad con dificultades económicas, problemas de seguridad y servicios que muchas veces no funcionan, mientras buena parte de la dirigencia discute su propia continuidad.
La discusión tiene consecuencias institucionales, pero también necesita una explicación hacia afuera. Si queda reducida a quién conserva el sillón, será difícil que encuentre interés más allá de los directamente involucrados.
La negociación judicial agrega otra capa. Kicillof anticipó el envío de más de 250 pliegos para cubrir vacantes. En la información que se conoció también aparecen 282 ternas, y conviene distinguir los términos: una terna no es un pliego y ninguno de los dos equivale a un nombramiento.
Cubrir cargos de jueces, fiscales y defensores importa para el funcionamiento de la Justicia. Pero la negociación política más sensible sigue concentrada en las cuatro vacantes de la Suprema Corte bonaerense.
El gobernador propone, pero necesita al Senado. Y allí intervienen dirigentes y sectores con intereses propios. La Cámpora y el Frente Renovador quieren participar de la definición; también hay movimientos de La Libertad Avanza para encontrar un lugar en esa conversación.
Las cuatro sillas de la Corte forman parte de una negociación que convive con el Presupuesto, las reglas electorales y la relación entre los socios del oficialismo. Todavía faltan nombres y acuerdos, pero sobran razones para que cada sector quiera sentarse a la mesa.
En ese escenario se mueve Nardini. La apertura de los Juegos Argentinos Urbanos le permitió reunir en Malvinas Argentinas a Fernando Espinoza, Alberto Descalzo, Pablo Garate, Pablo Mansilla y Luis Vivona. Ferraresi también estuvo con él, aunque en otra jornada.
La lectura merece detenerse en quién visitó a quién. Espinoza, Descalzo y Ferraresi están referenciados en el Movimiento Derecho al Futuro. Por eso, más que preguntarse cuánto se acerca Nardini al espacio de Kicillof, conviene observar qué buscan los dirigentes del MDF cuando se acercan a Nardini.
Ninguna de esas presencias equivale a una proclamación. Pero las fotos tienen valor en una etapa en la que los posibles candidatos necesitan mostrar vínculos, territorio y capacidad de reunir sectores. Vivona ya lo dijo abiertamente: quiere a Nardini como gobernador.
La pregunta es si, cuando llegue la discusión por la sucesión, los intendentes esperarán el nombre que proponga Axel o llevarán uno propio. Nardini está trabajando para que, llegado ese momento, su nombre tenga recorrido y respaldos.
La semana dejó una tregua partidaria, una pelea abierta por las reelecciones y varias negociaciones que miran hacia la sucesión. Nardini recorre, los intendentes buscan margen y los socios del peronismo se necesitan tanto como se disputan el poder. La foto de unidad ordena el presente. El nombre de 2027 sigue en discusión.
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