Bonaerense en Off: las grietas ya no se esconden y la política bonaerense entró en otra etapa

Por Martín Szmukler

Durante mucho tiempo las diferencias internas de la política bonaerense se administraron puertas adentro. Había discusiones, tensiones y operaciones, pero casi siempre terminaban resolviéndose en una reunión reservada o quedaban disimuladas detrás de una foto de unidad.

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Esa lógica parece haber cambiado.

La última sesión del Senado bonaerense dejó una imagen que recorrió toda la política provincial: Verónica Magario cortándole el micrófono a Sergio Berni. La escena fue llamativa, pero el verdadero dato no estuvo en ese episodio. Lo importante ocurrió después, cuando Berni redobló sus cuestionamientos al funcionamiento del Senado y volvió a marcar diferencias con la conducción política de Axel Kicillof.

La discusión dejó de ser privada.

Hace tiempo que Berni dejó de ocupar el lugar del dirigente incómodo que critica desde afuera. Hoy expresa a un sector del peronismo que reclama otra forma de conducción y que empieza a mostrar esas diferencias sin demasiados filtros.

La pregunta ya no es si existe una interna dentro del oficialismo bonaerense. La pregunta es hasta dónde puede escalar sin afectar la gobernabilidad del espacio que conduce Axel Kicillof.

Y mientras esa discusión todavía seguía abierta, apareció otro capítulo.

Mario Ishii cuestionó públicamente al gobernador por la situación sanitaria y alimentaria del Conurbano y por la falta de respuestas frente a la crisis que atraviesan muchos municipios. La respuesta llegó desde el corazón del Gobierno bonaerense. Carlos Bianco eligió la ironía para contestarle con una frase que rápidamente recorrió la política provincial: “Si el poncho no aparece, difícil que el chancho chifle”.

Pero tampoco terminó ahí.

Pocas horas después, Pablo Mansilla, secretario de Gobierno de José C. Paz y uno de los dirigentes más cercanos a Ishii, salió a responder con dureza. Lo acusó de no tener “materia gris” para enfrentar la crisis y remató con otra chicana que rápidamente se viralizó en redes sociales.

Cuando una discusión política abandona las mesas de negociación y se traslada a las redes sociales, normalmente es porque los mecanismos internos para procesar esas diferencias empiezan a mostrar desgaste.

Pero las señales de reordenamiento no aparecen solamente dentro del oficialismo.

Del otro lado también empiezan a verse movimientos.

Mientras el peronismo exhibe sus tensiones, Diego Santilli continúa ordenando su estructura bonaerense con la mirada puesta en el armado político de los próximos años. En su mesa chica aparecen dos hombres clave: Gustavo Coria, quien tendrá un rol central en la gestión política tras la reorganización del Ministerio del Interior, y Agustín Forchieri, diputado provincial y secretario general de River Plate, convertido en uno de los principales armadores políticos del espacio.

Ese esquema también empieza a consolidarse en el territorio.

Sebastián Abella sigue siendo el principal intendente referenciado con Santilli desde Campana. En Tigre, el armado lo encabeza Juan Furnari; en Escobar, Damián Pérez; en Pilar, Sebastián Neuspiller; en General Rodríguez, Darío Kubar; en San Andrés de Giles, Mercedes Condesse; en Ituzaingó, Gastón Di Castelnuovo; y en Quilmes continúa siendo una referencia Martiniano Molina, quien, pese a mantener un perfil más bajo, sigue formando parte del círculo político del “Colo”.

No hay grandes actos ni lanzamientos. Hay construcción política.

Mientras algunos sectores todavía discuten liderazgos internos, Santilli continúa consolidando una red de dirigentes propios en distintos municipios bonaerenses, una estrategia que puede resultar determinante cuando llegue el momento de definir candidaturas.

Y quizás la señal política más interesante de la semana apareció durante el debate por la eliminación del régimen de Zona Fría.

Mientras La Libertad Avanza defendió en soledad la postura del Gobierno nacional, varios senadores del PRO bonaerense decidieron acompañar al peronismo para rechazar la medida.

Guillermo Montenegro, Jorge Schiavone, Alex Campbell y Juan Rico Zini votaron junto a un proyecto impulsado por Fernanda Raverta. Incluso hubo un gesto de cordialidad entre Montenegro y la exdirectora de ANSES que no pasó desapercibido dentro del recinto.

No fue solamente una votación. Fue una señal política.

Porque una cosa es discutir subsidios desde el Congreso Nacional y otra muy distinta es hacerlo cuando la decisión impacta directamente sobre más de 90 municipios bonaerenses.

Allí empezaron a aparecer los primeros límites de una alianza entre el PRO y La Libertad Avanza que, vista desde la provincia, todavía no siempre camina en la misma dirección. Cuando las decisiones nacionales empiezan a afectar el territorio, los dirigentes bonaerenses suelen mirar primero a sus intendentes, a sus concejales y, finalmente, a sus votantes.

Quizás todavía sea temprano para hablar de nuevos alineamientos.

Pero sí empieza a quedar claro que la política bonaerense entró en una etapa diferente.

Las diferencias dejaron de esconderse.

Los armados comenzaron a mostrarse.

Y mientras algunos exponen sus internas, otros aprovechan ese escenario para seguir construyendo.

Porque muchas veces la política no cambia cuando alguien gana una elección. Empieza a cambiar cuando todos empiezan a moverse mucho antes de que esa elección llegue.

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