Por Martín Szmukler
Mientras la atención sigue puesta en las elecciones y en la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner, en la provincia de Buenos Aires ya empezó otra discusión. Todavía nadie la reconoce públicamente, pero los movimientos empiezan a repetirse. Gestos, encuentros, proyectos y posicionamientos muestran que varios dirigentes comenzaron a construir volumen político pensando en el liderazgo del peronismo bonaerense.
La primera señal llegó desde la Iglesia. La Jornada Patria por la Cultura del Encuentro reunió en Almirante Brown a dirigentes políticos, empresarios, sindicalistas, jueces y universidades. En un contexto de fuerte polarización, volvió a quedar claro que pocas instituciones conservan hoy la capacidad de sentar en una misma mesa a sectores tan distintos.
No fue un encuentro religioso. Fue un hecho político. Axel Kicillof compartió escenario con dirigentes de distintas expresiones del peronismo y con referentes de otros espacios. La ausencia de representantes de La Libertad Avanza también dejó un mensaje. La convocatoria terminó mostrando un ámbito de diálogo entre quienes hoy aparecen como oposición al Gobierno nacional.

Para Kicillof la foto tampoco fue casual. Hace tiempo que intenta ampliar su perfil político y mostrarse como un dirigente capaz de conducir una construcción más amplia que el kirchnerismo. La expectativa por una eventual visita del papa León XIV también ayudó a instalar un clima de diálogo que contrasta con el nivel de confrontación que domina la escena nacional.

El próximo domingo esa búsqueda de centralidad tendrá otro capítulo. Mariel Fernández convocó en Moreno al acto por un nuevo aniversario del fallecimiento de Eva Perón e invitó tanto a Kicillof como a Máximo Kirchner. Más allá del homenaje, la atención estará puesta en quiénes deciden acompañarla.

La intendenta de Moreno viene creciendo dentro del armado peronista y busca consolidarse como una dirigente con capacidad para dialogar con todos los sectores. Si logra reunir a los principales referentes del espacio será una señal política. Si alguno falta, también. Porque la discusión por la sucesión bonaerense ya empezó, aunque nadie quiera admitirlo. Ferraresi, Katopodis, Achával, Alak, Otermín y otros intendentes también comenzaron a mover sus fichas.
En ese contexto apareció una iniciativa de Malena Galmarini para declarar ciudadanos ilustres de la Provincia a los futbolistas bonaerenses campeones del mundo. El proyecto rescata el esfuerzo colectivo, la identidad nacional y el gesto de la Selección con la bandera de las Islas Malvinas. Más allá del reconocimiento, también vuelve a poner a Galmarini en la agenda política bonaerense.

Otro movimiento pasó casi desapercibido. La AFA presentó al Estadio Único Diego Armando Maradona como la nueva casa de la Selección Argentina. Detrás del anuncio hay una definición política: consolidar el acuerdo entre Claudio Tapia y Axel Kicillof para que La Plata sea la sede de los seleccionados nacionales. Un mensaje que además vuelve a diferenciar a la AFA del Gobierno nacional en la discusión por las sociedades anónimas deportivas.

La política bonaerense suele anticipar sus disputas mucho antes de que empiecen las campañas. Esta semana dejó varias señales en esa dirección. La Iglesia volvió a convertirse en un ámbito de encuentro, Mariel Fernández busca dar un paso más en su construcción política, Galmarini intenta recuperar protagonismo y la alianza entre Tapia y Kicillof volvió a exhibirse públicamente.
Todavía falta mucho para 2027. Pero en la provincia de Buenos Aires hay dirigentes que ya empezaron a jugar ese partido.
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