Por Martín Szmukler
La política bonaerense entró en una etapa en la que varias discusiones que parecían transitar por caminos separados empiezan a encontrarse en una misma mesa. Las cuatro vacantes de la Suprema Corte, la reelección de los intendentes, las reglas electorales para 2027 y la sucesión de Axel Kicillof tienen protagonistas diferentes, pero comparten algo: ninguna puede resolverse sin acuerdos. Y buena parte de esos acuerdos pasan hoy por el gobernador.
El ejemplo más claro está en la Suprema Corte bonaerense. Debería tener siete integrantes y hoy funciona con apenas tres: Sergio Torres, Daniel Soria e Hilda Kogan. Hay cuatro sillones vacíos y una presión creciente para ocuparlos.
Kicillof tiene la facultad de proponer los nombres, pero la lapicera no alcanza. Necesita el acuerdo del Senado y, antes de llegar a esa instancia, ordenar una negociación dentro del propio peronismo.
El esquema que circula parece sencillo sobre el papel: un lugar para el sector del gobernador, otro para el kirchnerismo, uno para el Frente Renovador y el restante para la oposición. El problema empieza cuando hay que poner nombres.
También cuando hay que definir quién representa hoy a esa oposición. Durante años esa discusión habría quedado principalmente entre el PRO y la UCR. Ahora La Libertad Avanza tiene peso legislativo propio y viene de quedarse con los lugares correspondientes a la oposición definidos desde el Senado para el Consejo de la Magistratura bonaerense. Ese antecedente la coloca con ventaja para reclamar el cuarto sillón.
La Corte es apenas una de las negociaciones que tiene Kicillof por delante.

La otra atraviesa directamente a los intendentes y probablemente sea una de las discusiones más sensibles del peronismo bonaerense rumbo a 2027: las reelecciones.
El gobernador ya dejó en claro que quiere modificar la legislación que limita los mandatos. En el Senado está el proyecto de Ayelén Durán para restablecer las reelecciones indefinidas y los intendentes esperan que finalmente empiece a moverse.
Esta semana apareció una señal. Malena Galmarini convocó a la Comisión de Reforma Política del Senado, que preside. Y ahí surge una de las paradojas de esta negociación: Sergio Massa sigue diciendo que no.

El Frente Renovador fue protagonista, junto al gobierno de María Eugenia Vidal, de la reforma que en 2016 limitó las reelecciones. Una década después, Kicillof quiere modificar aquella norma y buena parte de los intendentes peronistas necesita que eso ocurra para poder volver a competir.
Massa tiene votos importantes para esa discusión y controla, a través de Galmarini, una comisión por donde puede pasar buena parte del debate electoral. Por eso, más que preguntarse qué dice hoy el Frente Renovador, habrá que mirar qué termina haciendo cuando llegue el momento de votar.
Porque tampoco se está discutiendo únicamente la reelección.
Las PASO, un eventual desdoblamiento electoral, el sistema de votación y las reglas con las que se llegará a 2027 forman parte de un rompecabezas mucho más amplio. Cada modificación afecta intereses distintos y abre nuevas posibilidades de negociación.
Y mientras se discuten las reglas, también empieza a discutirse quién quiere jugar.
Desde 1983 ningún intendente bonaerense pasó directamente de administrar un municipio a ocupar el sillón de Dardo Rocha. Eduardo Duhalde construyó buena parte de su poder desde Lomas de Zamora, pero antes de llegar a la Gobernación pasó por la Vicepresidencia de la Nación.

En 2027, varios intendentes quieren romper esa tradición.
Jorge Ferraresi, Julio Alak y Gabriel Katopodis aparecen dentro del universo del Movimiento Derecho al Futuro. La Liga de Intendentes también tiene nombres como Federico Otermín, Federico Achával, Mariel Fernández y Gustavo Menéndez. La Cámpora cuenta con Mayra Mendoza, el Frente Renovador tiene a Juan Andreotti y Leonardo Nardini también viene construyendo políticamente y recorriendo territorio.
No todos llegarán a la instancia definitiva y algunos probablemente nunca formalicen una candidatura. Pero el dato político es otro: esta vez los intendentes no quieren limitarse a aportar territorio y votos al candidato que decidan otros. Quieren discutir quién será ese candidato.
Eso ayuda también a entender por qué las reelecciones tienen tanta importancia. Garantizarles a los intendentes la posibilidad de competir nuevamente no es solamente modificar un artículo de una ley. Es negociar con quienes controlan buena parte de la estructura territorial necesaria para cualquier proyecto provincial.
Mientras el peronismo intenta resolver ese entramado, La Libertad Avanza busca instalar su propia agenda bonaerense.
Una publicación periodística aseguró que el oficialismo evaluaba ampliar la Legislatura de 138 a 150 integrantes. El peronismo lo negó categóricamente y Carlos Bianco descartó públicamente que exista una iniciativa en ese sentido.
Pero la polémica produjo un efecto político concreto.
Sebastián Pareja tomó aquella versión y propuso exactamente lo contrario: eliminar el Senado bonaerense y transformar la Legislatura en unicameral.
La discusión comenzó por doce bancas que el oficialismo asegura que nunca quiso crear y terminó con el principal armador libertario de la Provincia proponiendo eliminar 46.

Hay una diferencia importante. La eventual ampliación de la Legislatura fue desmentida por el Gobierno bonaerense. La eliminación del Senado, en cambio, ya fue planteada públicamente por Pareja y empieza a formar parte de la agenda con la que La Libertad Avanza busca posicionarse rumbo a 2027.
Modificar una estructura de ese tipo exigiría avanzar sobre la Constitución provincial y abriría una discusión institucional mucho más profunda. Pero, más allá de su viabilidad inmediata, la propuesta sirve para entender que la oposición también comenzó a construir su discurso para la próxima elección.
Kicillof tiene por delante meses en los que deberá empezar a destrabar decisiones que fueron acumulándose. La Corte necesita cuatro jueces. Los intendentes quieren una definición sobre sus reelecciones. Los distintos sectores del peronismo empiezan a mirar la sucesión y la oposición busca instalar sus propias reglas de discusión.
Nada ocurre de manera aislada.
Una negociación puede terminar facilitando otra. Un voto en el Senado puede tener consecuencias en una discusión distinta. Y una decisión sobre las reelecciones puede modificar las alianzas con las que el gobernador intentará ordenar su espacio para los próximos años.
Kicillof tiene la lapicera en varias de esas discusiones, pero no tiene todos los votos. Y ahí está probablemente la clave de lo que viene: para empezar a ordenar su sucesión, completar la Corte y definir las reglas de 2027, primero tendrá que decidir cómo reparte el poder.
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