Belgrano, primero entre iguales

La frase latina “Primus Inter Pares” tiene sus orígenes en la Grecia clásica, prácticamente en los orígenes de la civilización occidental, pero fundamentalmente, describe las bases del sistema político democrático. La traducción literal es “primero entre iguales”, en una clara referencia al principio de igualdad, en donde los hombres libres e iguales son conducidos por un semejante, con el privilegio temporario de conducir su sociedad, como primero, pero fundamentalmente, como igual.

Belgrano es un héroe descomunal, las dificultades que tuvo que asumir para defender la patria, y el hecho de ser un hombre que provenía de la academia, del mundo de las letras y no de una formación militar, lo hace aún más grande. Belgrano combatió enfermo, con escasos recursos y poca disciplina militar, soportó todas las penurias que puede soportar un hombre: hambre, enfermedad, frustraciones políticas y olvido.

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Se tomó el tiempo de traducir al General George Washington en vísperas de la Batalla de Salta, la “oración de despedida”, lo que sería en términos modernos el discurso de despedida a la nación, pero a diferencia de Washington, que era un genio militar y un acaudalado virginiano de tradición castrense, Belgrano era un intelectual con el valor suficiente de ser un militar, y, además, tener éxito.

La revolución francesa de 1789 encontró a Belgrano en una Europa convulsionada por la “libertad, igualdad y fraternidad”. Fue un hombre de su tiempo, un contemporáneo de la ilustración que no solo se tomó el tiempo de traducir a Washington, sino que fue un intelectual de avanzada en lo que la historia conocería como “Revoluciones Liberales del Siglo XVIII”, tomó las ideas de Rousseau, Voltaire, Adam Smith, Filangieri, Quesnay, entre otros. Los principios en los que se formó condicionaron su vida, lo formaron en una ética personal e intelectual formidable.

Su vida militar, y su historia personal, estuvo intensamente atravesada por la Segunda Campaña al Alto Perú, en reemplazo de Juan Martín de Pueyrredón. El primer triunvirato lo nombra Jefe del Ejército del Norte, y le encomienda una difícil expedición auxiliadora a lo que hoy es una gran parte de Bolivia. Esta campaña lo vieron triunfador en Tucumán y Salta, a costa de un gran sacrificio personal, para luego sufrir las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.

El segundo triunvirato dispuso el reemplazo en la conducción del Ejército del Norte al General José de San Martín, e intentó un cobarde juicio contra Belgrano por sus derrotas militares, iniciativa que no prosperó: ingratitudes tempranas de la historia argentina.

Los dos mártires de la libertad se encontraron en lo que la tradición ubica en la Posta de Yatasto, el encuentro de San Martín y Belgrano hoy tiene dimensiones legendarias. Uno regresaba cansado, enfermo y soportando las miserias de Buenos Aires, y el otro ascendía rápidamente en fama y prestigio por el éxito del combate de San Lorenzo.

En carta a Tomás Godoy Cruz, San Martín se refería a Belgrano de la siguiente manera: “En el caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano: éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América lleno de integridad, y talento natural: no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”.

Belgrano termina sus días en una Buenos Aires sumida en la anarquía del año XX, al borde de una guerra civil entre hermanos que se extendería durante décadas. Éramos libres de los españoles sí, pero presos de nuestras propias diferencias. Los conocidos acontecimientos de su muerte, y su precaria condición económica, es ejemplo de lo injusta que puede ser la patria con sus mejores hijos.

Es probable que al General Manuel Belgrano no le sería grato ser recordado como “el mejor hombre de América del Sur”, por eso hoy, lo recuerdo en las ideas que hizo valer con la pluma, la espada y la palabra: libertad, igualdad y fraternidad.

Un hombre digno, primero entre iguales.

Por Leonardo Güi – Abogado – Docente UBA – UCES