De Zona Norte al Norte: “Un sentimiento no se explica”

Por un vecino de Tigre, hoy radicado en Estados Unidos*

Contar qué significa ser argentino cuando uno emigra nunca es una tarea sencilla. A veces no te entienden; otras veces, simplemente, no sabes cómo explicarlo. Quizás por eso recién ahora cobran verdadero sentido aquellas palabras tan nuestras: “un sentimiento no se explica”.

brickel

¿Cómo hacerle entender a alguien lo que significa extrañar un sabor? ¿Cómo traducir la nostalgia de una comida, de una sobremesa, de una esquina de barrio? Hay cosas que parecen pequeñas, pero cuando estás lejos se convierten en gigantes.

El humor, por ejemplo, es uno de los grandes desafíos. La ironía, el doble sentido, esa manera tan argentina de decir una cosa queriendo decir otra, parecen ser patrimonio nacional. Tal vez algún latino logre seguirte el ritmo, pero tarde o temprano terminas explicando el chiste… y cuando hay que explicar el humor, ya perdió parte de su magia.

También se extrañan las formas: el beso al saludar, el abrazo espontáneo, la cercanía familiar. Y, claro, las puteadas. Sí, las puteadas argentinas, un verdadero patrimonio cultural no declarado. Si el mundo supiera, podríamos escribir bibliotecas enteras sobre insultos creativos.

Pero si hay una experiencia límite para cualquier argentino en el exterior, esa es vivir un Mundial lejos del país. Buscar cómo verlo, depender de transmisiones dudosas, sufrir cortes, soportar retrasos entre imagen y sonido… una prueba de fuego emocional que combina ansiedad, pasión y una catarata de insultos made in Argentina.

Antes de emigrar, abundan las opiniones. Están quienes hablan de “dejar todo”, “quemar las naves”, “irse para siempre”. Sin embargo, la vida enseña que las decisiones responden a contextos profundos y personales que muchas veces los demás desconocen. Con el tiempo, uno descubre que el hogar no siempre es un lugar geográfico: el hogar puede construirse donde esté la familia.

Y ahí aparece el verdadero cambio: comprender que adaptarse a otra cultura no implica renunciar a lo que uno es. Cambian los horarios, el idioma, las costumbres, las comidas… pero hay algo que permanece intacto. Como aquella recordada frase cinematográfica: “La pasión no se cambia”. Y ser argentino, definitivamente, es una pasión.

Con el paso de los años entendí algo más: Argentina, con todas sus dificultades, también prepara. A muchos de mi generación —los nacidos en los años 70— nos formó entre crisis, educación, esfuerzo, valores familiares, incertidumbre y reinvención constante. Esa realidad dura, muchas veces injusta, también nos dio herramientas para sobrevivir y adaptarnos.

En mi caso, después de haber transitado distintos caminos —sector privado, servicios, docencia y política— hoy vuelvo a encontrarme con una vocación profunda: enseñar. Porque hay algo que no cambia, incluso a miles de kilómetros de distancia: la esencia.

Desde afuera, además, la mirada sobre Argentina se transforma. Las noticias impactan distinto. Se viven con nostalgia, con preocupación, con esperanza. Se observa todo desde una perspectiva más amplia, a veces más clara, pero también más emocional. Y aunque algunos crean que quien se fue pierde el derecho a opinar, sucede exactamente lo contrario: la distancia muchas veces permite entender con mayor profundidad.

No me fui para dejar de sentirme parte. Tampoco para olvidar. Me fui por motivos personales, como tantos otros, y aprendí que juzgar decisiones ajenas suele ser mucho más fácil cuando no se camina con esos mismos zapatos.

Hoy, desde Estados Unidos, sigo mirando a Tigre, a Buenos Aires y a la Argentina con la misma pasión crítica de siempre. Porque emigrar no significa desconectarse; significa observar desde otro ángulo.

En una próxima carta me gustaría compartir, desde mi experiencia docente y política, cómo cambia la visión del emigrante sobre la educación, la calidad de vida y esa metamorfosis constante —o quizás no tanto— de la política regional de Tigre.

Porque algunas distancias geográficas son enormes… pero hay raíces que nunca se cortan.

Gracias, hasta la próxima.

*Adrian Rivera – Jefe del Departamento de Lengua Extranjera – Robeson County. North Carolina. USA – Entrenador de Villarreal FC. Sede North Carolina. USA. FSC Academy