“Si alguien distraído al costado del camino…”

El 30 de octubre de 1983 no es una fecha más en la historia reciente de nuestro País.

Entiendo que ya constituye (o debería por lo menos) ser incorporada al calendario de efemérides patrias por la significación de lo que constituyó y constituye como piedra basal del consenso democrático que iniciamos cada uno de las Argentinas, los Argentinos y todos los Habitantes del mundo que vivimos y compartimos juntos, una misma Nación. Salíamos del proceso más oscuro y terrorífico que asestó a miles de Compatriotas, la última Dictadura Militar.  

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Raúl Alfonsín es el padre de nuestra Democracia moderna, contemporánea, esa primavera democrática que floreció acá y contagió a los Países vecinos de nuestra querida América del Sur.

Alfonsín marcó mi vida, por los valores que representó y aún, por aquellos que “no pudo, no quiso o no supo” concretarlos, materializarlos en nuestra sociedad, pero que continúan, siguen latentes como esa la llama que nos guía a nosotros en la tarea aún pendiente, esa que debemos seguir, siempre con compromiso militante.

La transformación democrática que inició basadas en el pleno ejercicio de las libertades, la justicia civil aplicada a los responsables de la última dictadura militar, el programa alimentario nacional, el congreso pedagógico nacional, la patria potestad compartida, devolviendo la autonomía a las universidades públicas, el divorcio vincular, la paz con Chile, construyendo las bases del Mercosur, la creación del  Banco de Datos Genéticos, el poder garantizar (ya al límite de una crisis económica profunda) la sucesión de un Presidente electo a otro Presidente electo de distinto Partido Político.

Era y es imposible no cometer errores, no equivocarse, pero la honestidad y la inmensa responsabilidad que marcó su gestión como Presidente (esa que en términos weberianos le generó tensión entre la ética de la responsabilidad con la de las convicciones) y mucho más aún la inmensidad de su figura como político, nos muestra cabalmente el gran vacío que nos dejó y la falta que hacen liderazgos de “ese estilo”. En términos futbolísticos diríamos que fue un distinto, pero creo que como cada ser humano: fue único e irrepetible.  

Raúl Alfonsín, ya no está físicamente, pero sus ideas y valores nos interpelan cada día, en cada momento y debemos responderles a los distraídos que están o se encuentran al costado del camino que seguimos, que marchamos y que luchamos con el objeto de constituir la unión nacional…ayer, hoy y siempre!

Por Luis Freitas – Secretario de Gobierno San Fernando