Por Marcela Cesare*
Viví la Guerra de Malvinas de lejos. Era estudiante secundaria. Como muchos, la atravesé entre la incertidumbre, la angustia y la esperanza. Recuerdo escribir cartas, enviar chocolates y pensar, todos los días, en esos chicos —muchos conocidos, otros conocidos de conocidos— que habían sido enviados a la guerra.
Tenían apenas 18 años.
Iban a un lugar lejano, con frío extremo, a defender lo que todos sentíamos como propio: nuestras Malvinas. No sabían bien por qué, pero iban. Y acá, del otro lado, los acompañábamos con orgullo, con miedo, con la necesidad constante de que llegaran noticias.
No siempre llegaban.
No todo era como lo contaban.
Y quienes más sufrían eran ellos: jóvenes sin experiencia, luchando con lo que había, enfrentando un destino duro e injusto.
Durante esos días, con amigos, intentábamos mandarles todo lo que podíamos. Esperábamos respuestas que nunca llegaron. Y así pasó la guerra. Algunos volvieron. Otros no.
Ellos fueron quienes más sufrieron.
Por eso, desde entonces, siempre sentí la necesidad de hacer algo para recordarlos. Como docente, cada 2 de abril es una oportunidad para transmitir lo que pasó, para que esta historia —real, cercana y profundamente argentina— no se pierda. Porque nuestros héroes no son una idea abstracta: son personas de carne y hueso, con historias, familias y sueños.
Años más tarde, tuve la posibilidad de honrarlos desde otro lugar: como concejal en el Honorable Concejo Deliberante de Tigre.
En 2024, presenté el proyecto para nombrar la Sala de Prensa como “Malvinas Argentinas”. En ese marco, inauguramos un mural que marcaba la distancia desde ese punto hasta el Cementerio de Darwin, donde descansan nuestros soldados caídos. El proyecto fue aprobado por unanimidad por los 24 concejales que formamos parte en ese momento. Participaron excombatientes, y cada uno recibió una réplica del mural. Fue un momento de profundo respeto y emoción.
En 2025, impulsé un nuevo proyecto: iluminar el edificio del Concejo Deliberante, cada 2 de abril, con los colores de la bandera argentina. Un gesto simbólico, pero necesario. Una forma de decir gracias. De recordar. De no olvidar.
Porque la memoria no es solo mirar hacia atrás. Es sostener el reconocimiento en el tiempo.
Hoy, una vez más, rendimos homenaje a quienes defendieron nuestra Patria con apenas 18 años.
A quienes volvieron.
Y a quienes quedaron allá.
Gracias a todos los héroes de Malvinas.
Las Malvinas fueron, son y serán argentinas.
*Marcela Cesare – docente UTN pacheco y Empresaria
